Créditos

    Gagapocalipsis

    Miniantología de 5 relatos.

    (versión gratuita en español. Prohibida su venta)

    Copyright © 2021 de Moxie Mezcal. (Algunos derechos reservados. CC-BY-NC-SA)

    Traducción y Edición: Artifacs, febrero 2021.

    Diseño de Portada: Artifacs, imágenes tomadas de Max Pixel bajo licencia CC0.

    Publicada en Artifacs Libros

___oOo___

    Obras Originales: Gagapocalypse, 2011, (Viral, Gagapocalypse y No. 1) y 3, 2010 (1999 y Home Movie)

    Copyright © 2010 - 2011 de Moxie Mezcal (Algunos los derechos reservados. CC-BY). moxiemezcal.com

    Publicadas en Feedbooks

Licencia Creative Commons

    Gagapocalipsis se publica bajo Licencia CC-BY-NC-SA 4.0 https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode.es

    Si quieres hacer una obra derivada, por favor, incluye el texto de la sección de Créditos de este eBook.

Licencia CC-BY-NC-SA

    Esto es un resumen inteligible para humanos (y no un sustituto) de la licencia, disponible en Castellano. Advertencia. Usted es libre de:

    • Compartir: copiar y redistribuir el material en cualquier medio o formato.

    • Adaptar: remezclar, transformar y crear a partir del material.

    • El licenciador no puede revocar estas libertades mientras cumpla con los términos de la licencia.

    • Bajo las condiciones siguientes:

    • Reconocimiento: Debe reconocer adecuadamente la autoría, proporcionar un enlace a la licencia e indicar si se han realizado cambios. Puede hacerlo de cualquier manera razonable, pero no de una manera que sugiera que tiene el apoyo del licenciador o lo recibe por el uso que hace.

    • No Comercial: No puede utilizar el material para una finalidad comercial.

    • Compartir Igual: Si remezcla, transforma o crea a partir del material, deberá difundir sus contribuciones bajo la misma licencia que el original.

    • No hay restricciones adicionales: No puede aplicar términos legales o medidas tecnológicas que legalmente restrinjan realizar aquello que la licencia permite.

Sobre Moxie Mezcal

    Moxie Mezcal vive bajo un nombre ficticio en San Jose, California.

Contacta con Moxie:

    • moxiemezcal@gmail.com

    • twitter.com/moxiemezcal

    • facebook.com/moxiemezcal

    • myspace.com/moxiemezcal

Más Moxie en Artifacs Libros

    • Subterráneo de Hormigón (Concrete Underground)

    • Dulce Sueño, Pantalla de Plata (Sweet Dream, Silver Screen)

    • Falso (Fake)

    Más Ficción Guerrilla (gratis, pero en inglés) en: moxiemezcal.com

Nota

    Esto se sobreentiende, pero toda celebridad que aparece, se menciona, o se sugiere en estas historias se retratan con propósitos de parodia y en ningún modo intenta representar nada que parezca ni remotamente a la realidad. No hay ningún apoyo o beneficio implicado ni pretendido.

    De igual modo, las letras de las canciones y diálogos atribuidos a Lady Gaga en Gagapocalipsis son mayormente citas extraídas y recontextualizadas con propósitos satíricos.

    —- Moxie Mezcal, junio 2011 San Jose, California

Gagapocalipsis

Miniantología de 5 relatos por

Moxie Mezcal

___oOo___

    Aviso: estos relatos son para adultos y pueden contener escenas de sexo y violencia que pongan a prueba la sensibilidad del lector.

_________

1. Viral

(Viral)

    En aquellos días, la gente solía matar el tiempo yendo a espectáculos de monstruos, y mierdas así, para ver mujeres gordas con vello facial y niños con defectos de nacimiento causados ​​por el inicio de la revolución industrial y la emocionante novedad de los venenos que esta introducía en nuestros cuerpos. O para ver a un idiota arrancarle la cabeza a un pollo de un mordisco o encajarse agujas bajo la piel, aunque técnicamente esos tipos no eran monstruos en el sentido biológico, el único problema que había con ellos era una necesidad patológica de atención combinada con un sentido obscenamente bajo de vergüenza y autoconsciencia.

    Hoy en día, por supuesto, al ser más civilizados, miramos atrás negando con la cabeza y chasqueando la lengua con desdén por lo groseras e ignorantes que eran las generaciones previas.

    Porque nosotros tenemos la jodida Internet.

    Lo primero que hago todas las mañanas es sentarme frente al ordenador, abrir mi propia página web y mirar mi propia cámara web. En serio, me quedo ahí sentado a mirarme la jeta en la pantalla durante una hora más o menos, sin hacer nada ni decir nada, solo mirándome a mí mismo. Por lo general es una hora, pero depende de mi estado de ánimo, he pasado desde solo veinte minutos hasta tres horas. Es como lo que decía Pollock, ¿cómo sabes cuándo has terminado un cuadro, cómo sabes cuándo has terminado de hacer el amor?

    El panel de la página dice que actualmente hay nueve mil personas conectadas y observándome. Esto es un poco más de lo habitual, probablemente debido al bulto con forma de chica en la cama visible sobre mi hombro. Pero llegaré a eso en un segundo.

    Aparece un mensaje en la ventana de chat en la esquina inferior derecha de la pantalla. Alguien que probablemente sea nuevo en la página se está preguntando qué está pasando, por qué estoy sentado ahí mirándome a mí mismo.

    Esta pregunta se hace un montón. Yo nunca respondo, pero los clientes habituales siempre intervienen para dar sus teorías favoritas. La mayoría asume que este ritual diario es mi intento de realizar algún tipo de actuación artística, como una declaración sobre nuestra dominante cultura a las celebridades o el narcisismo en Internet. Probablemente quieran convertirlo en una instalación de video colgada en alguna galería de moda, probablemente lo llamen "ouroboros digitales" o alguna otra memez así.

    Pero no se trata de arte, no estoy haciendo ninguna declaración. La verdad es que lo hago por necesidad. Porque ahora estoy en un punto en el que la mera visión de mí mismo me enferma. Así que tengo que insensibilizarme de mi propia imagen a primera hora cuando me despierto, de lo contrario paso el resto del día evitando los espejos y dando arcadas cada vez que veo mi reflejo en una ventana o superficie pulida.

    Hoy ya he pasado dos horas enteras mirando mi podrida taza y aún no estoy listo para enfrentar el día. Probablemente tengo una reserva de autodesprecio inusualmente alta que quemar. Y la razón de eso me lleva de nuevo a la chica que se desmayó en mi cama.

    Su nombre es Karin, o tal vez Keren, pero probablemente no Karen, y nos presentó en la fiesta de anoche el tipo de su sello A&R. Ella es la cantante de un dúo sueco de electro-trash que recientemente había logrado un éxito menor con una irónica versión a baja fidelidad de Solo He Entrado (Para Ver En Qué Estado Estaba Mi Estado). Su atuendo era ridículo, en algún lugar entre Gaga y Karen O, como si las dos hubiesen tenido una hija del amor (de nada por esa imagen), y esa hija del amor a su vez hubiese tenido una mejor amiga más borracha y más furcia con un complejo de inferioridad que ella sobrecompensara "accidentalmente" mostrándole a los paparazzi un vistazo de su último vajazzling.

    Aún así, Karin tiene la combinación justa de apariencia y ligeramente velado autodesprecio que me atrae como un idiota a una película de Russell Brand, así que, yo estaba enganchado.

    Y sorprendentemente, ella pareció corresponder. Aunque estoy bastante seguro de que la única razón fue que ella asumió que yo era una especie de productor de peso pesado, o al menos el hijo de un ejecutivo de sello. En general, la gente entra en este tipo de fiestas al ser atractiva, rica o poderosa. De modo que si eres feo y nadie te reconoce, se asume que debes ser rico y/o poderoso.

    Y en esa medida, probablemente ella pensó que mi feo trasero tenía que estar forrado de pasta.

    Pero luego todo se arruinó cuando ese actor se acercó y me reconoció, esa estrella del bromance regordeto y barbudo.

    “¡Ey! ¡Quieres Hacer Danza!" balbuceó él ruidosamente mientras se acercaba tambaleándose con una lata de Pabst aferrada en la mano. "¡Mira, es el tipo Quieres Hacer Danza!"

    El tipo aenas podía mantenerse en pie, aferrándose desesperadamente a su afeminado acompañante tailandés menor de edad, que era lo único que lo mantenía apoyado sobre los pies. Me recordó a esos dibujos animados en los que una hormiga lleva una manzana 400 veces su tamaño.

    Traté de engañar a Karin haciendo como si yo no supiera de qué estaba hablando, como si tal vez estuviera bromeando o me hubiese confundido con otra persona.

    Pero entonces el bastardo empezó a cantar.

    "Quieres hacer danza, quieres hacer canción, quieres fiesta fiesta fiesta mogollón..." En un instante, el rostro de Karin mostró reconocimiento y al siguiente ellla se derrumbó en una desnuda decepción.

    Sí, soy el tipo de Quieres Hacer Danza de ese estúpido video de YouTube.

    No importa que yo lleve tocando en bandas desde que tenía 12 años. No importa los años que he pasado tratando de entrar en el negocio de la música, los espectáculos en que he tocado, las puertas a las que he llamado, las incansables noches que he pasado perfeccionando maquetas y los días dedicados a ponerlas en las manos adecuadas. No, lo único que se necesitó fue una noche de borrachera improvisando un galimatías autosintonizado sobre un ritmo ridículo que mi amigo Ramón lanzó en su iPad.

    Un año y 93 millones de visitas después, soy y seré para siempre el tipo de Quieres Hacer Danza. Es cierto que al principio fue un subidón, y pensé que podría usarlo como plataforma para lanzar mi verdadera carrera musical. Empecé a cubrir Internet, a escribir blogs sobre mi nueva notoriedad y sobre mis intentos de entrar en el negocio, a tuitear cada mundano detalle de mi vida, a mantener una cámara web 24/7 en mi apartamento. Usando el dinero que recogí de un par de patrocinios, decidí autofinanciar mi propio álbum para mostrarle al mundo lo que podía hacer, para demostrar que era un músico serio. Se vendieron dos mil copias. Tres millones de seguidores en Twitter y solo pude vender dos mil copias. Tengo más gente en mi cámara web mirando como me rasco las bolas.

    Fue entonces cuando la depresión comenzó a hacer efecto. Lo que condujo a la bebida y las drogas. Lo que condujo a los arrebatos públicos y a dar un puñetazo a ese fotógrafo y todo ese lamentable incidente VMA con la chinchilla. No necesito repetirlo aquí, ya conoces todas las historias. Porque eso es lo jodido; cuanto más reprensible se volvía mi comportamiento, más gente acudía en masa a mi blog, mi cámara web y mis tweets para conseguir asientos en primera fila.

    El caso es que en la fiesta, Karin se escabulló tan rápido como su imitación de Manolos la quiso llevar, dejándome atrás en el abrazo carnoso y empapado de cerveza de la estrella del bromance. Él me mantuvo cautivo durante unos buenos treinta minutos, entre despotricar con lágrimas en los ojos sobre su deseo de ser tomado en serio como artista hasta hacer una crónica con doloroso detalle de sus diversas conquistas sexuales y estallar en amargas invectivas personales contra James Franco.

    Cuando por fin se marchó tambaleante, me pareció como si John Belushi y Woody Allen se hubieran enganchado y engendrado un sobrecrecido niño neurótico, y estuve tan orgulloso de esa observación que lo tuiteé en el acto. Entonces se me ocurrió que hago muchas de esos chistes de si «x e y tuvieran un bebé», y eso probablemente se debe a que no soy nada gracioso y no tengo talento, así que simplemente saco flácidos clichés del mundo de mi época y espero que nadie se dé cuenta de lo poco gracioso que es y del poco talento que tengo.

    La fiesta comenzó a morir y, al final, Karin volvió deambulando hacia mi dirección con esa demasiado familiar mirada de difidente resignación.

    En tres semanas descubriré que lo que inclinó la balanza a mi favor fue que ella le había mencionado a su amiga que se había encontrado conmigo, y ella a su vez le había dicho que había oído que yo la tenía como un caballo hasta arriba de Enzyte. Pero en realidad la amiga me había confundido con otra persona. Probablemente ese tipo de Lluvia Chocolate. Eso pasa un montón.

    Más tarde, mientras ambos íbamos en mi coche hasta mi apartamento y Karin se inclinó desde el asiento del pasajero para desabrocharme la bragueta, no hace falta decir que ella quedó tristemente decepcionada.

    Por suerte o por desgracia, según tu punto de vista, tres factores fortuitos se alinearon:

    Primero, estaba tan drogada y/o autodespreciada que aún así vino a mi casa y se sometió a quince minutos de mi singularmente sudoroso y gruñón estilo de hacer el amor.

    En segundo lugar, siempre mantengo encendida la cámara web de mi habitación y transmito en directo a mi página web.

    En tercer lugar, dado que ella no tenía una comprensión clara de quién era yo y, obviamente, no pasó mucho tiempo rastreando el noveno círculo del infierno de las celebridades de Internet, no estaba al tanto del hecho número dos.

    Así que ahora aquí estoy, de vuelta a mi ritual diario de mirarme a mí mismo del modo en que mirarías a alguien que tiene una llaga o un furúnculo muy extraño en la cara, partes iguales de repulsión y fascinación. Puede que sea un enfermo. Puede que sea un rencoroso. Pero al menos lo admito.

    En cinco minutos, ella se va a despertar y ver una gran cantidad de mensajes de texto, tweets y correos electrónicos en su teléfono que ignoró anoche mientras nos estábamos conectados ante una audiencia en línea de miles de personas.

    Sin duda habrá repercusiones.

    Pero hasta entonces, voy a seguir aquí sentado mirándome a mí mismo.

    El panel de control de mi web dice que hay 550.000 personas conectadas en este momento en todo el mundo, mirándome mirarme a mí mismo, sin duda esperando ver las épicas patadas en el culo que me esperan cuando Karin se despierte. En la parte inferior derecha de una pantalla, en el cuadrito de mensajería instantánea, la gente aún está debatiendo el significado de mi pequeño y extraño ritual. De vez en cuando he jugado con decirles la verdad, pero no creo que alguna vez lo haga.

    Porque en realidad están haciendo la pregunta equivocada. Lo que importa no es por qué me estoy mirando a mí mismo, sino por qué lo están ellos. Me pregunto por las personas del otro lado de la pantalla. ¿Qué tipo de persona pasaría su precioso tiempo libre mirándome? ¿Adónde van y qué hacen después de cerrar la sesión? ¿Van a trabajar, llevan a sus hijos al parque, hacen el amor con sus esposos y esposas?

    ¿Lo que me ven hacer se queda con ellos, piensan en mí a medida que avanzan en sus vidas, tengo alguna influencia en su comportamiento? Creo que sí, creo que ven la fealdad que yo construyo en este mundo y se implanta en el fondo de su subconsciente, manifestándose de manera sutil a medida que avanzan por el resto del día. Haciéndoles sentir que tienen derecho a invadir al conductor en el carril de al lado, echarle la bronca al pobre chico de Starbucks por darle demasiado a la palanca en su café con leche de avellana sin espuma y sin grasa a temperatura ambiente. Y, por supuesto, también afecta a esas personas y hace que su día sea un poco peor, haciéndolos atacar un poco con dureza a la siguiente persona que se cruce en su camino y, esa manera, cada pequeño acto de fealdad mío se puede propagar como un virus en todo el mundo gracias a la maravilla de la tecnología moderna.

    Y, cuando pienso en ello, siento un escalofrío en los huesos, y eso me hace sonreír.

FIN

2. Gagapocalipsis

(Gagapocalypse)

    Nota del editor: este artículo apareció originalmente en la edición del 1 de junio de [NOMBRE CENSURADO POR EL ASESOR LEGAL], un periódico semanal gratuito del norte de California. Se reproduce a continuación en su totalidad.

    Reseña de música

    ★★★★★

    Álbum: Born This Way

    Artista: Lady Gaga

    Género: Pop

    Lanzamiento: 23 de mayo de 2011

    Discográfica: Interscope

    Está bien, déjame empezar diciendo que estoy contigo. No hay nada que odie más que esas pretenciosas reseñas en primera persona en las que se supone que algún aspirante a Lester Bangs o Hunter Thompson está hablando de lo que está reseñando, pero que en realidad termina usándolo como una excusa para hablar de sí mismo.

    Yo tenía toda la intención de hacer esto de verdad, de darle al nuevo álbum de Gaga una reseña honesta.

    Pero luego...

    Corte a mí mismo tirado en el sofá, escuchando el álbum a todo trapo con mis auriculares de alta definición Beats by Dre. Iluminada hasta las cejas con ginebra grado trementina y un gramo de hachís fuerte, rápidamente me di cuenta de que cualquier intento de revisar este álbum en el sentido convencional sería futil.

    Y ahora...

    Corte a mí mismo aquí, tirado en el suelo, sangre brotando del corte gigante en la cabeza y que se acumula sobre baldosas a cuadros blancos y negros.

    Tengo las manos atadas a la espalda con el cable de alimentación amarillo translúcido de una lámpara de pie.

    A unos metros de mi cabeza se encuentra la estatuilla de fibra óptica de María Magdalena que ella ha usado para golpearme en la cabeza.

    Unos metros más allá, está sentada en un sillón, posada en el borde del asiento y sosteniendo una lima de uñas de acero apuntada hacia mí como una pistola, como si manteniéndome a raya.

    Finalmente, después de veinte minutos de mirada silenciosa, ella habla. “El amor es como un ladrillo," dice. "Puedes construir una casa o hundir un cadáver."

    "¿Qué coño?" Toso débilmente, sintiendo que el miedo comienza a hincharse en mi pecho.

    Se pone de pie y cruza lentamente la habitación hacia mí, luego me coloca un pie descalzo en la cara, deslizándose por mi mejilla en una mueca poco digna estilo Picasso.

    "Prefiero morir antes que que mis fans me vean sin un par de tacones."

***

    Pero antes de llegar a la reseña, o a la locura que siguió, primero un poco de contexto. Volvamos a la otra noche, cuando el mundo no se había acabado.

    Corte a mí mismo sentado en un bar un sábado por la noche tirando a domingo por la mañana.

    Estoy con un par de amigas de la escuela secundaria, Jessie y Dolores. Eran mis mejores amigas una vez, pero luego nos separamos como hace la gente, empujados por las circunstancias. Poco después de graduarnos, la hermana de Dolores se suicidó frente a Jessie y las cosas se pusieron un poco tensas entre ellas. Jessie dejó la banda que intentábamos comenzar, una de una serie de fallidas bandas para mí, y luego se mudó para terminar su carrera. Dolores se escapó a la ciudad y se casó con un tipo que le pagó los tratamientos hormonales y la cirugía. Ahora, doce años después, estábamos relegados a reunirnos una vez cada pocos meses cada vez que uno de nosotros se veía atrapado por una punzada de malentendida nostalgia.

    Jessie pasó casi toda la noche del sábado enviando mensajes de texto a su novia mientras escuchaba sin entusiasmo la marca distintiva de divagaciones de flujo de conciencia de Dolores. Los temas de esa noche incluyeron el fracaso del fin del mundo en materializarse, la aplastante decepción que fue la boda real británica y la emocionante perspectiva de que Donald Trump algún día pudiera tener el control del arsenal nuclear más grande del mundo.

    Yo me entretuve escribiendo intermitentemente en mi cuaderno, que llevaba conmigo para capturar pensamientos aleatorios y fragmentos de conversación que pudieran ser útiles para un artículo o para el largo tiempo sufrido guión que un día aún espero terminar.

    Apuré el último trago de ginebra barata y se derretió el hielo del vaso y miré el reloj.

    “12:06," le dije a Dolores con una sonrisa. "Oficialmente ya no es el 21 de mayo y aún estamos aquí." Ella arrugó la cara con disgusto, tenía los labios llenos de un lápiz labial rojo cereza que ella ya no era lo bastante joven como para lucir sin parecer cursi. "Oh, bueno, siempre existe eso del Calendario Maya el año próximo. Esperemos que eso funcione."

    "En realidad, los mayas no pensaban que el mundo se iba a acabar," le corregí. "Se supone que es un momento de transformación radical, el comienzo de una nueva era."

    Ella se burló, "Adam, cariño, ¿por qué siempre tienes que adoptar el punto de vista más estúpido en toda discusión?"

    Entonces, justo cuando nuestra conversación llegó a un momento de calma, una voz incorpórea cortó el silencio y declaró por el sistema de sonido del bar: "It doesn't matter if you love him, or capital H-I-M.".

    "Oh, Dios, estoy tan harta de esta canción," gruñó Jessie sin apartar los ojos de su teléfono, mientras se escuchaba el diminuto ritmo digital de Born This Way de Lady Gaga.

    Ella se sintonizó para mirar la mesa de las chicas de la hermandad de mujeres que habían estado acaparando la máquina de discos toda la noche y gritó: "¿Sabéis?, me gustaba mucho más esta canción cuando se llamaba Express Yourself.

    Esto provocó las burlas apropiadas, y yo me pregunté si acudir para disculparme por el comportamiento de mi amiga podría conseguirme algún número de teléfono.

    Jessie se volvió hacia nosotros y continuó refunfuñando: "¿Cómo podría no haberse acabado el mundo cuando la Ramera de la Jodida Babilonia ya está aquí?"

    "A mí me gusta un poco," aventuré, ganándome una mirada feroz.

    Dolores soltó una risita. "Tú sabes que ella es un tío, ¿no?"

    "Eso no es cierto," objeté.

    "O al menos un hermafrodita."

    "Tonterías."

    "Es cierto," insistió Dolores. "Hay fotos en Internet en las que lleva unos leotardos elásticos y mierdas, y tiene las piernas abiertas," hizo una pausa para demostrarlo, mostrándome fugazmente lo que ocultaba su falda, sabiendo que me pondría rojo, "y se ve claramente el bulto de la polla."

    Traté de pensar en una respuesta, pero me quedé vacío, sabiendo que Dolores solo me estaba incitando a decir algo que ella podría tergiversar para demostrar cuán estrecha era mi cosmovisión cis-hetero-masculina.

    Después de un largo e incómodo silencio, gorjeó burlonamente, “Bulto de la polla, hijo. Bulto de la polla."

    "De todos modos," dije finalmente, "mi periódico quiere que revise su nuevo álbum que sale esta semana. Dijeron: «Haz otro de esos chulos y sarcásticos flujos de conciencia que tú haces»."

    "¿Por qué?" preguntó Jessie con un grito de angustia, aparentemente lo bastante ofendida como para justificar guardar el teléfono en el bolso.

    "¿Por qué no le das cobertura a una banda indie que lo merezca, a algún artista nuevo que lucha por hacerse un nombre, en lugar de ofrecer otro cuerpo flácido más en la sicofántica orgía 24/7 que babea encima de la superestrella más grande del mundo?"

    Jessie, cabe señalar, también es periodista, aunque en lo que ella llama un periódico "de verdad," en contraposición al semanario gratuito para el que yo escribo. Además, a pesar de su convicción elitista de que la mayor circulación la valida más como periodista, al mismo tiempo le molesta que, desde su perspectiva, la mediocridad de mi periódico me dé la libertad de escribir sobre cosas que sus amos corporativos pulcramente cuidados y ofensivamente inofensivos han considerado verboten. Cosas como sindicar trabajadores de talleres de explotación o sindicar trabajadores sexuales o, básicamente, cualquier persona que forme un sindicato y tenga un empleo que ninguno de nosotros tendría que hacer por voluntad propia.

    "¿Qué tienes tú que decir sobre ella que no se haya dicho antes?" exigió ella.

    Me encogí de hombros, casi a modo de disculpa, y traté de explicar: "Bueno, hace unos meses estuve almorzando con mi editora y comencé a hablarle sobre de un par de sitios web cristianos de derecha que yo había visto y que afirmaban que Gaga es una Illuminatus. Solo estábamos soltando chorradas, ya sabes, hablando de locuras en Internet, pero ella pareció interesada, así que le expliqué que había todo un análisis minucioso de todo el simbolismo esotérico en sus videos y sesiones de fotos. Y tuve que admitir que presentaban argumentos bastante convincentes. La tendencia de Gaga a posar con un ojo tapado o con dos dedos extendidos sobre el rostro, enmarcando uno de sus ojos en forma de V (o triángulo). La sesión de fotos de Hello Kitty dentro de una logia masónica. Las omnipresentes imágenes de nacimiento, renacimiento y metamorfosis. Las cruces, tanto invertidas como verticales. Múltiples alusiones en sus videos al control mental. En serio, no he visto tantas imágenes ocultas y tan descaradamente anticristianas en la música pop desde Marilyn Manson. El caso es que mi editora se divirtió lo suficiente y sugirió que cuando saliera el nuevo álbum debería hacer una reseña irónica sobre algún inventado simbolismo oculto en él."

    Jessie puso los ojos en blanco. “Solo la estás cubriendo porque quieres follar con ella."

    Cabe señalar que una buena parte del tiempo que pasé con Jessie en la escuela secundaria fue motivado por querer follar con ella.

    Le dije: "De verdad, ella nunca ha hecho nada por mí sexualmente. Es decir, sí, tiene un gran cuerpo y, obviamente, no le da vergüenza mostrarlo. Pero no se trata de querer follar con ella," hice una pausa, luchando por encontrar las palabras adecuadas, sintiendo el peso del alcohol en la lengua y que hacía que todo saliera lento y deforme. “Simplemente la admiro, ¿sabes?. Estoy fascinado por ella. Se ha convertido a sí misma en una obra de arte conceptual viviente y que celebra y condena el narcisismo de nuestra cultura. Supongo que hay una parte de mí que se identifica con ella y otra parte que desearía poder ser más como ella. ¿Nunca has sentido eso por un artista? Es como si no quisiera follar con ella tanto como quiero ser ella. No solo quiero quitarle la ropa, quiero quitarle la piel y ponérmela como un traje."

    "¿Quieres decir como el tipo ese del Silencio de los corderos?" Intervino Dolores.

    "Sí," respondí, luego dudé. "Espera, um..."

    "El tipo ese que hizo esa escena de metérsela entre las piernas," continuó, como si me ayudara.

    La miré sin comprender.

    "¿Sabes quién más tiene que metérselo entre las piernas?"

    Yo gruñí.

    “El bulto de la polla, hijo. El bulto de la polla."

***

    Aún estoy en el suelo, su pie descalzo aún me aprieta la cara y me hace sacar la lengua para limpiarlo a lametazos. Me ha untado la cara con lápiz labial rojo brillante y luego lo ha usado para garabatearme Santo Idiota en el estómago con una flecha apuntando hacia mi pene.

    Intento en vano explicarme entre lametones: "No soy un chiflado, solo periodista. No, eso no es todo, estoy aquí como más que eso. Soy un fan. te amo. Aunque no sexualmente, solo quiero ponerme tu piel."

    Sin respuesta.

    “Lo siento, sé que debo de sonarte como un chiflado. Mira, ¿puedes decir algo, por favor? Di que lo entiendes, di que no. Dime que me vaya, llámame pervertido, pero di lo que sea."

    Ella quita el pie y se arrodilla a mi lado con una mirada vacía, como la de un maniquí, hacia mí. “Tengo delineador de ojos en la rodilla y sangre en el codo. Sombrío."

***

    Corte a mi mismo regresando a casa del bar y tumbándome en el sofá.

    Tengo a Dre en la cabeza. Copia filtrada del nuevo álbum de Gaga en el iPod, recién descargado de un prominente sitio de torrents. Pipa de hachíis en mano, cuaderno y bolígrafo sobre la panza, listo para hacer la reseña de su vida a esta cosa.

    El álbum comenzó bastante modesto con Marry the Night.

    Las letras son típicas de angustiado adolescente, lápiz labial negro y el diario de Sylvia Plath escribiendo sinsentidos. "Me voy a casar con la noche / No voy a renunciar a mi vida / Me voy a casar con la oscuridad / Voy a hacer el amor con las estrellas."

    Como Shirley Manson cantando "Solo soy feliz cuando llueve" de cuando yo iba a la escuela.

    La siguiente pista, Born This Way, es el sencillo principal. Probablemente lo hayas oído, ha estado omnipresente durante el último mes, pero es uno de sus sencillos más suaves para mi gusto. Las letras son una vaga noción de empoderamiento. Da una sensación conmovodera, del tipo de porquería de «todo el mundo recibe un trofeo por participar», el tipo de cosas que han convertido a la generación milenial en un montón de blandengues hijos de mamá que se echan a llorar si no reciben una palmada de «ese es mi chico» en el trasero cada quince jodidos minutos. Es un insípido eslogan sin amenaza para las masas y para dar la ilusión de control sobre sus vidas.

    Empiezo a preocuparme un poco de no encontrar nada con algo de carne de verdad que usar en mi artículo.

    Esto no tiene sentido, pensé. ¿Por qué sentía una compulsión tan fuerte de buscar algo que leer en ello? ¿Necesitaba crear alguna justificación intelectual y pseudoirónica para disfrutar de un álbum, solo porque es popular o comercial? ¿Por qué a los hipsters les resulta tan difícil disfrutar de algo en sí mismo? ¿Por qué no puede ser suficiente que guste una canción porque es pegadiza y divertida y no exige absolutamente nada de ti como oyente?

    Y justo cuando estaba listo para cancelar todo el esfuerzo, las cosas comenzaron a ponerse raras.

    La tercera pista, Government Hooker, saltó de inmediato como una canción mucho más fuerte que las dos anteriores, impulsada por un ritmo maníaco con estribillo de maullidos «Mientras yo sea tu buscona».

    Pero a pesar de sus vibrantes ritmos dance, había un rollo vagamente inquietante. No ayudaba que los versos consistieran en una serie de comentarios de lavado de cerebro estilo la Esposa de Stepford: «Yo podría ser chica (a menos que tú quieras ser hombre) / yo podría ser sexo (a menos que tú quieras que nos tomemos de la mano)»

    Y luego estaba la alusión aleatoria a JFK en el puente. Una ostensible alusión al lado mujeriego, aún así destacaba torpemente. Empecé a escribir en el cuaderno con más entusiasmo.

    Luego vino Judas, que es otro sencillo, así que lo he escuchado antes, aunque la yuxtaposición con la última canción le daba un tono mucho más amenazador. En primer lugar, había más referencias a busconas y prostitutas, formando un puente claro hacia la última canción. Y luego ella me golpeó con esta línea: "Lo derribaré / Un rey sin corona."

    Una imagen brilló en mi cabeza, fotograma 313 de la película de Zapruder, la cabeza de JFK desintegrándose en una fina niebla roja. Kevin Costner repitiendo "Atrás y a la izquierda."

    Podía sentir que el hachís empezaba a hacerme su magia, haciendo fluir los jugos creativos y de libre asociación.

    En el cuaderno, escribí: ¿Es posible que invoque el simbolismo masonicoiluminista relacionado con el asesinato de Kennedy? Referencia al ensayo Asesinato-Rey / 33 de Downard que afirma que el asesinato fue una representación de "matar al rey," ritual requerido para los iniciados en el grado 33 de la Masonería.

    Lo cual sé que es estirar el chicle, pero así es como funcionan los mensajes subliminales, a pesar de toda esa basura que tu predicador pueda haberte contado sobre el enmascaramiento inverso. Cuando lo lees una palabra a la vez, es inofensivo o absurdo, pero si lo lees solo cada tercera o cuarta palabra, el patrón comienza a emerger. El cerebro se adhiere a las imágenes más fuertes que destacan, como los picos más altos de una cadena montañosa que atraviesan las nubes (muerte, coronas, crucifixión, JFK, matar al rey), dejando que la mente subconsciente conecte los puntos.

    Unas pocas canciones más tarde llegó Bloody Mary, que trataba sobre María Magdalena y compartía muchas imágenes en común con Judas con líneas como,

    "No lloraré por ti / no crucificaré las cosas que haces" y, "Mata al rey en su trono / Estoy listo para sus piedras."

    En mi cuaderno escribí:

    «Abiertas alusiones a María Magdalena, otra prostituta, mientras que el subtexto es Mata-Rey / 33. Podría interpretarse que casi lo alienta la eliminación violenta de figuras de autoridad.

    Ángulo para el artículo: Gaga forma parte del programa Illuminista MK-Ultra / El Candidato Manchú para lavar el cerebro a un grupo de busconas y que asesinen líderes políticos y económicos, el Hashishin de Stepford.

    Posiblemente también relacionado con María Magdalena / Rennes-le-château / Merovingio /

    Eje Sirio de las teorías de la conspiración, pero trata de no ponerte demasiado Dan Brown al respecto.»

    Seguí moviéndome por el álbum. La mayoría de las otras canciones son más dóciles, haciéndose eco de himnos anteriores de la rebelión de desdentados juveniles como Girls Just Wanna Have Fun y Fight for Your Right to Party. Pero, en su conjunto, el álbum tiene una inclinación fuertemente anticristiana y anti-sistema.

    Escribí: «Quizá los fundamentalistas y los evangélicos tienen razón al estar acojonados.»

    Podía sentir que el hachís comenzaba a ponerme nervioso y desenfocado.

    Había otra canción que me pareció significativa, aunque al principio no pude ubicar exactamente por qué. Se llamaba Electric Chapel ​​y tenía letras como:

    Sígueme, no seas tan santo idiota. Sígueme, necesito algo más de ti. No se trata de sexo ni champán. Si me quieres, encuéntrame en la capilla eléctrica.

    Mierda, sonaba como una especie de espeluznante discurso de reclutamiento. Pensé en ese culto de los años 70, Hijos de Dios, que enviaba a las mujeres jóvenes a los bares para reclutar hombres yendo a casa con ellos y luego golpeándolos con proselitismo como charla de almohada.

    Entonces mi cerebro hizo otra conexión: eléctrica como en las bombillas, como en iluminación, como en Illuminati. Mierda, ¿había ella nombrado intencionalmente una canción por la Iglesia de la Iluminación?

    Por supuesto que no, hombre, estás drogado hasta las trancas, respondió la parte racional y de pensamiento claro de mi cerebro.

    Mi creativo/drogadicto cerebro respondió: No estoy sugiriendo que ella sea parte de verdad de una organización sombría, obviamente, pero tal vez le guste el ocultismo. No sería el primer artista popular, Jayne Mansfield y Sammy Davis, Jr. ambos eran amigotes de LaVey.

    Pensé que lo que buscabas era irónico, de cachondeo en plan «soy un hipster y leo libros, luego eso me da derecho a burlarme de todo». A eso te dedicas, eso es lo que se te da bien. Sigues hablando así y la gente empezará a pensar que te crees de verdad esta mierda loca. No seas de esos.

    Está bien, pero podría echar dentro esta mierda solo para joder a la gente, como cuando Lennon lanzó esa línea de "la morsa es Paul" en Glass Onion para joder a los teóricos de la conspiración de «Paul está muerto».

    ¡Sí, los Beatles! Todo el mundo ama a los Beatles y todo el mundo ama esa mierda referencial de la cultura pop. Ahora estás empezando a hablar con sentido común, hombre. Mensajes ocultos para los verdaderos fanáticos que lo saben, que se burlan de todos esos fanáticos y bichos raros que simplemente no lo entienden. Deberías volar a Nueva York y preguntarle a ella al respecto, solo para ver si tienes razón. Eso sería puro periodismo jodidamente gonzo.

    De repente me encontré tumbado en el suelo en una terminal de aeropuerto, encajado entre una fila de sillas entrelazadas y una ventana que daba a la pista, sin idea de cómo llegué allí.

***

    "Dime tu confesión," demanda ella, bajándome de regreso por la escalera de caracol con una correa.

    Trago saliva antes de responder: "Siento que he traicionado mis sueños, o tal vez a veces creo que mis sueños me han traicionado. Me habría servido mejor con sueños simples como el matrimonio, la familia, la estabilidad. ¿Qué derecho tengo a soñar con dejar mi huella en el mundo? ”

    Chasquea la lengua en desaprobación. "Los sueños nunca son tan débiles como nosotros."

***

    Corte de mí mismo en el aeropuerto, poniéndome de pie, tratando de averiguar cómo he llegado allí.

    Presumiblemente había tomado un vuelo. De hecho, cuanto más lo pensaba, recordaba vagamente estar sentado junto a una mujer de negocios de mediana edad que no dejaba de escribir en su ordenador portátil mientras trataba de ignorarme vomitando violentamente en la bolsa para el mareo.

    En cualquier caso, decidí que no era tan importante cómo había llegado allí, lo que importaba era en qué ciudad estaba. Tomando un momento para alisarme la ropa, noté una bolsa de viaje de cuero marrón a mis pies. No la reconocí, pero supuse que debía ser mía, así que lo recogí y rebusqué dentro hasta encontrar una tarjeta de embarque con el código impreso del aeropuerto de destino: JFK. También encontré un sobre lleno de billetes de veinte dólares que se parecía sospechosamente al contenido completo de mi cuenta de ahorros menos el coste de un pasaje de avión de ida.

    Salí de la terminal y subí a un taxi.

    "¿Adónde?" preguntó el conductor.

    "No estoy seguro," respondí. "¿Dónde recomendaría a un turista primerizo?"

    "Bueno, eso depende de lo que estés buscando? ¿Estás buscando un conejo?"

    Lo consideré un momento. "No, en realidad no."

    "¿Qué eres, un poco mariquita?" preguntó con el tipo de voz grave que solo oyes en los taxistas en las películas antiguas.

    "No, me gusta el conejo," respondí a la defensiva.

    “Pues claro que te gusta. Acomódate, conozco el lugar perfecto."

    Pasé el resto del viaje en silencio hasta que el taxi se detuvo en un hotel al lado de Central Park con un gigante globo terráqueo de metal frente al edificio. Saqué un par de billetes del sobre y se los deslicé al conductor, quien me devolvió una tarjeta de presentación violeta. Un lado estaba impreso con un ojo estilizado en un diseño piramidal, mientras que el reverso tenía un número escrito a mano: 333.

    “Cuando llegues a la habitación, llama a la puerta tres veces largas, tres veces cortas y tres veces largas de nuevo," instruyó él. "Ella te cuidará bien de ti."

    Subí en ascensor a la tercera planta. Cuando llegué a la habitación 333, hice la llamada especial y abrió la puerta una mujer con un elegante vestido de satén rojo. Tenía el pelo corto castaño y ojos verdes, y lo primero que me vino a la cabeza cuando la vi fue lo mucho que se parecía a Jessie.

    "Pon el sobre en la cómoda," me ordenó ella mientras me conducía dentro de la habitación. Suponiendo que se refería a un sobre con algo de dinero, metí la mano en mi bolsa, saqué el sobre lleno de dinero y lo puse sobre la cómoda. Pensé brevemente en sacar algunos billetes para guardarme, pero no quería parecer tacaño y, además, estaba bastante seguro de que preguntarle cuánto dinero debería haber en el sobre sería una violación del protocolo en este momento, así que decidí ir a lo seguro y dárselo todo.

    "¿Cuál es tu nombre?"

    "Adam."

    “Encantada de conocerte, Adam. Soy Celeste."

    Noté que estaba mintiendo y lamenté que ella supiera mi nombre real, pero yo no supiera el suyo, sintiendo que alguna dinámica de poder había cambiado.

    "Puedes quitarte la ropa y acostarte en la cama," dijo, aunque pareció más una instrucción que una opción. Obedecí y observé cómo se quitaba el vestido. Mientras miraba su cuerpo desnudo, pensé para mis adentros que definitivamente era más delgada que Jessie, tenía los senos más pequeños y no llevaba gafas, pero aún se parecía un poco a ella de todos modos.

    Luego se acercó y me puso un condón en la polla con la boca y la mantuvo allí para ponerme duro, o al menos lo bastante duro, y luego se subió encima de mí y deslizó el conejo sobre mi polla. Follamos un rato, pero lo único en lo que yo podía pensar era en lo mucho que ella se parecía a Jessie, así que seguí blando y finalmente ella se rindió. Me disculpé y culpé a todo el alcohol y a las drogas, aunque en ese momento estaba bastante seguro de que sus efectos habían desaparecido hacía horas. Ella dijo que no pasaba nada y que podíamos acostarnos juntos y charlar.

    Me preguntó de dónde era y se lo dije. Me preguntó si tenía novia en casa y mentí. Le dije que se llamaba Jessica. Me preguntó qué hacía yo en la ciudad y le dije que era periodista y que iba a entrevistar a Lady Gaga. Ella fingió que no le importaba una mierda mi trabajo y preguntó cuántas otras personas famosas había entrevistado y yo inventé algunas mentiras poco convincentes antes de que me ella dijera que nuestro tiempo se había acabado y que tenía que irme. Cuando salí, sacó un par de billetes de veinte del sobre de la cómoda y me los devolvió para que al menos tuviera para el taxi.

    No me di cuenta hasta más tarde de que doblada entre el par de billetes había otra tarjeta de presentación violeta como la que me había dado el taxista.

***

    Ahora ella me ha llevado al piso de abajo, me ha puesto una de sus pelucas y me está haciendo tocar el piano. Me está gritando que escriba canciones, que cree espontáneamente, que abra la boca y el cuerpo y me convierta en un conducto para la música. Quiere que escriba una ópera rock completa allí mismo. Cada vez que toco una nota mal o dudo demasiado o estropeo la segunda rima de un pareado, ella me atiza en la cara con un matamoscas para mostrar su disgusto.

    Me ha estado atiza un montón.

    "Cuando haces música, o escribes o creas, tu trabajo en realidad es tener sexo alucinante, irresponsable y sin condón con cualquier idea sobre la que estés escribiendo en ese momento."

    "No puedo, soy una mierda, no tengo talento," me quejo. "No tengo nada que decir como artista, nunca he tenido un solo pensamiento único ni original en toda mi patética vida."

    Ella me atiza. Eso no estaba en el tono.

    "¿Sabes lo que dice esto?" pregunta señalando el tatuaje en su brazo.

    "Es Rilke, ¿verdad?"

    Me atiza.

    "No, no lo sé."

    “En la hora más profunda de la noche, confiésate que morirías si te prohibieran escribir. Y mira en lo profundo de tu corazón donde extiende sus raíces la respuesta, y pregúntate, ¿debo escribir? ”

    Dejé escapar un grito de angustia: "No quiero trabajar tanto por mi arte. Solo quiero que me adoren. Aunque no haya hecho nada para merecerlo. Soy humano y necesito ser amado como todos los demás."

    Me llevo otro bofetón de matamoscas.

    "Como artistas, estamos eternamente desconsolados."

***

    Corte a mí mismo solo en un ascensor, sin saber exactamente en qué edificio se encuentra el ascensor o cómo he llegado allí. Bajé la mirada a mi mano y noté que estaba sosteniendo la tarjeta violeta que Celeste me había dado. Parecía exactamente como la que me había dado el taxista, excepto que tenía el número 777 escrito en la parte de atrás. Luego vi que el botón de la séptima planta estaba encendido, así que pensé que debía ser allí hacia donde me dirigía. Cuando se abrieron las puertas del ascensor, caminé por el pasillo hasta encontrar la habitación y luego llamé a la puerta siete veces largas, siete veces cortas y otras siete veces largas. No hubo respuesta, así que después de unos minutos probé el pomo de la puerta y esta se abrió, así que entré.

    La puerta se abría a un espacioso apartamento tipo loft que parecía haber sido arrancado del mundo de Tron. Había las características habituales de la domesticidad de la corteza superior contemporánea, como minimalistas muebles escandinavos con detalles cromados y tapicería monocromática, excepto que todo estaba adornado con tubos fluorescentes brillantes de rojo y azul.

    Y no eran solo los muebles, incluso las paredes, los zócalos, las encimeras y los armaritos estaban delineados con tubos fluorescentes, los cuales recorrían todo el apartamento en intrincados patrones entrecruzados y convergían en medio de la habitación donde se entrelazaban para formar un crucifijo gigante de luces de neón.

    Vagué de una habitación a otra, buscando si había alguien en casa, pero no encontré a nadie. Luego subí una escalera de caracol que conducía al dormitorio principal, donde escuché una ducha corriendo a través de la puerta cerrada del cuarto de baño. Volví a mirar la tarjeta en la mano y pensé que el protocolo sería más o menos el mismo que antes con Celeste. Así que me quité la ropa, me acosté en la cama y esperé.

    Cinco minutos más tarde, la puerta del baño se abrió y, de una nube de denso vapor, salió la mismísima Madre Monstruo. La jodida Lady Gaga.

    Piel aún resbaladiza y escamosa por la ducha, estructura ósea angular sobresalía de su piel pálida mientras ella se movía como un reptil albino. Echó un vistazo al asno desnudo tumbado en su cama y me golpeó en la cabeza con la estatuilla de fibra óptica de María Magdalena de su mesita de noche.

***

    Está sentada a mi lado, a horcajadas sobre el banco del piano, los labios suspendidos a pocos milímetros de mi oreja derecha. Me río nerviosamente.

    "Lo siento, acabo de recordar algo gracioso," miento.

    "¿Sabes?, la memoria sensorial es algo poderoso," me susurra. "Puedo tener un orgasmo con solo pensar en ello."

    Me muevo incómodo en el banco, sintiendo la sangre corriendo por mis mejillas e ingle al mismo tiempo.

    "¿Quieres follarme?" me pregunta.

    "No sé. Ambas cosas, quiero y no quiero. No quiero follarte en ningún sentido vulgar o profano, pero no puedo pensar en otra forma de conectarme íntimamente contigo, de consumar este momento en el tiempo que estamos compartiendo."

    Me vuelve a atizar en la cara con el matamoscas.

    “La sexualidad es mitad veneno y mitad liberación. ¿Dónde está la línea? Yo no tengo línea."

***

    A la mañana siguiente, la acompaño mientras da entrevistas para promocionar el nuevo álbum. Me resulta fácil mezclarme con su séquito, ser solo otra cara entre la multitud, otro frío y estéril satélite que orbita su estrella.

    La veo moverse incómoda en su asiento mientras el par de presentadores de programas matutinos le lanzan preguntas tontas. No parecen humanos, parecen animadas estatuas de cera, y sus preguntas e incómodos intentos de bromear muestran tanta humanidad como la cera. Todo en su comportamiento la hace parecer genuinamente incómoda por la atención: la risa nerviosa, las respuestas cortantes, la sonrisa con dientes de vaselina pegada en el rostro que no deja de girar sobre la línea en una mueca. Y para empeorar las cosas, la ceñida falda de vinilo y apenas visible que lleva no para de subirse por los muslos, así que ella no para de tirar hacia abajo y preocupándose por esta. La impresión general no es de Lady Gaga, pulida diosa del pop, sino de una persona normal cualquiera que se ha despertado un día con este ridículo disfraz y se ha visto obligada a fingir el papel.

    Ella es como nosotros. Pienso para mí. Después de todo, es solo un ser humano normal con las mismas inseguridades y torpeza que el resto de nosotros.

    Ese hilo de pensamiento conduce rápidamente a: Entonces, ¿por qué debería merecer ser famosa? ¿Qué la hace mucho mejor que el resto de nosotros?

    Pero esa pregunta es solo una verdad a medias. Lo que realmente quiero preguntar es: ¿Qué la hace mucho mejor que yo?

    La presentadora le pregunta a Gaga sobre su rutina de ejercicios, o más bien no deja de insinuar que podría preguntar al respecto, pero está demasiado ocupada hablando de su propia rutina de ejercicios. sistema de dieta y ejercicio para que funcione de verdad.

    Finalmente, se ve interrumpida por un comentario lascivo del presentador sobre que se nota mucho todo ese ejercicio. Él tiene la edad suficiente para ser el abuelo de su compañera y no hace ningún intento por ocultar la erección claramente visible que esto le produce. Gaga toma la pausa incómoda que sigue como una apertura para por fin hablar sobre su propia rutina diaria de ensayo y ejercicio, que es increíblemente disciplinada y me hace consciente del hecho de que yo ni siquiera recuerdo en qué piso está el gimnasio de mi edificio de apartamentos. Luego continúa hablando sobre lo duro que ha trabajado por su arte y sobre los años que pasó haciendo shows en la escena de clubes de Nueva York y las incansables horas de autopromoción que invirtió para llegar a donde está hoy, y yo estoy pensando en la única maqueta en cinta que mi banda logró hacer en la universidad y en que aún hay una caja llena de copias en el garaje de mis padres que siempre tuve la intención de llevar a las emisoras de radio locales, tiendas de discos y clubes, pero que nunca llegué a hacer. Y luego pienso en el guión inacabado que ha permanecido olvidado en mi disco duro durante años.

    Y luego noto que Gaga ha dejado de hablar y mira fijamente a la cámara con aprensión, como un ciervo ante los faros,porque nadie le hace más preguntas. El presentador está demasiado ocupado sacándose su miembro deforme mientras la presentadora le chupa la sangre a un P.A. de diecinueve años con una sudadera de CUNY hasta que su piel colapsa sobre sí misma como una desinflada bolsa de zumo Capri Sun.

    Todo el estudio cae en un silencio prolongado. Dura demasiado para la comodidad de todos, hasta que finalmente una joven del público grita:

    "Te amo, Gaga," y el resto de la multitud estalla en desenfrenados aplausos.

    De pronto, Gaga sale de su petrificado aturdimiento, le brillan los ojos y los labios se curvan en una sonrisa de éxtasis y ella saluda a sus fans mientras mira con amor la lente de la cámara y dice: "Amo a mis fans.

    Vive tu delineador de ojos, respira tu lápiz de labios y mata uno por otro."

***

    Más tarde, estamos en el asiento trasero de su limusina y ella aún está radiante de alimentarse de las energías psíquicas positivas de un grupo de personas que la adoran como la gente con sandalias adoraban a los becerros de oro.

    Le pregunto: "¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo llegaste a la cima? ”

    “ Yo siempre he sido famosa," responde como si la pregunta en sí fuera absurda. "Solo que todo el mundo acaba de descubrirlo."

***

    Esa noche hace una firma de discos en la tienda. Los fans son todos jóvenes, hermosos y locos, haciendo fila con los teléfonos atados a la cabeza, envueltos en rebanadas de carne rancia y ropa interior de redecilla y monos de látex, generalmente con aspecto de refugiados de una adaptación de Broadway de Más Allá de la Cúpula del Trueno.

    "Vive tu delineador de ojos, respira tu lápiz de labios y mata uno por otro," les ordena ella

    "Vive tu delineador de ojos, respira tu lápiz de labios y mata uno por otro," cantan ellos al unísono.

    Los fans comienzan a desmayarse cuando llegan al frente de la fila y reciben su CD autografiado. Un par de manos de escenario los apartan a rastras como en la recreación de una carpa de antaño. La fila va y viene por todos los pasillos de la tienda antes de salir por la puerta, rodear el edificio y desaparecer por la calle.

    "Vive tu delineador de ojos, respira tu lápiz de labios y mata uno por otro," continúa el cántico.

    Los fans comienzan a hablar en lenguas extrañas y a tirarse al suelo con convulsiones. Las personas están perdiendo el control de la vejiga y los intestinos de izquierda a derecha.

    "Vive tu delineador de ojos, respira tu lápiz de labios y mata uno por otro."

    Una niña de catorce años se lanza encima de la mesa frente a Gaga y comienza a tener un orgasmo extasiado como Santa Teresa de Bernini.

    "Vive tu delineador de ojos, respira tu lápiz de labios y mata uno por otro."

    De pronto, doce de los fans se miran las manos en el mismo momento exacto y ven estigmas sangrientos.

    "Vive tu delineador de ojos, respira tu lápiz de labios y mata uno por otro."

    Una orgía masiva estalla en el pasillo de Escucha Un Disco.

    "Vive tu delineador de ojos, respira tu lápiz labial y mataos unos a otros."

    "Mataos unos a otros."

    "Mataos unos a otros."

    Me siento enfermo, abrumado y claustrofóbico, como si toda la tienda fuera a estallar a mi alrededor. Así que salgo a trompicones por la puerta trasera a través del almacén y termino en la zona de carga detrás del edificio.

    Desde dentro aún puedo oír el entusiasta canto.

    "Mataos unos a otros."

***

    No estoy seguro de cuánto tiempo pasa después de eso.

    Ahora vivo en la calle. A veces encuentro un lugar con techo para dormir, pero otras veces simplemente duermo debajo de un portal o una parada de autobús.

    A veces la gente me da un lugar para quedarme o algo de dinero. La mayoría de las veces esperan algo a cambio, pero eso da igual, no me molesta. Nada me molesta mucho estos días, todo está un poco entumecido.

    Aún tengo desmayos. A menudo, cuando vuelvo en mí, estoy en una ciudad nueva y no estoy seguro de cómo he llegado allí. A veces estoy vestido como un vagabundo, a veces voy de Drag, a veces llevo trajes caros hechos a medida y a veces tengo sangre en la ropa, pero no parece que tenga cortes o heridas en ninguna parte.

    No he vuelto a casa. Una vez se me ocurrió llamar y revisar mi buzón de voz. Había algunos mensajes del trabajo. El último decía que si no iba al día siguiente, no volviera nunca. La máquina decía que el mensaje tenía más de un mes.

    Sin embargo, he vuelto a Nueva York, pero no a ella. A veces salgo de un desmayo y me encuentro frente a ese hotel de Central Park, el del globo terráqueo donde conocí a Celeste. Nunca entro, solo me quedo en frente y lo miro durante largos períodos de tiempo. No estoy seguro de por qué.

    Un día me descubrí en una parada de autobús mirando un anuncio del programa de televisión El Aprendiz. Era imposible saber exactamente cuánto tiempo había estado yo ahí parado, mirando, pero por las expresiones asustadas de todos a mi alrededor, podía adivinar con seguridad que había pasado un rato.

    Un anciano canoso se acerca y se para a mi lado. Parece un camionero o un estibador o alguna otra profesión adecuadamente masculina que yo nunca podría hacer.

    "No puedo creer que ese bromista pueda presentarse para presidente," dice con disgusto al cartel y luego se vuelve para mirarme. "Estoy seguro de que no voy a votar por él, ¿verdad?"

    Me vuelvo para mirarlo y me doy cuenta de que tiene un parecido sutil con el taxista que me recogió en el aeropuerto Kennedy.

    "No, señor."

    "Puea claro que no."

    Luego me susurra algo, o al menos sonó como si lo hiciera, a pesar de que le miraba los labios todo el tiempo y estos ni siquiera parecían moverse. Pero el caso es que susurra: "Observa con mucha atención cómo el ángel mágico y yo somos engullidos por el tornado arco iris y dejados varados en el Camino de Purpurina."

    Me vuelvo para mirar el póster. Alguien ha dibujado cuernos de diablo y una perilla en la cara, junto con un gran 666 en la frente. Me concentro en el sobrenatural peluquín naranja encima de la coronilla del hombre de la foto y en mi mente me lo imagino permaneciendo perfectamente compuesto, ni un solo cabello moviéndose fuera de lugar, mientras que la cabeza sobre la que se asienta se mueve hacia atrás, y hacia la izquierda.

    Atrás y a la izquierda.

FIN

3. No. 1

(No. 1)

    Empieza de la misma forma cada vez.

    Cero segundos. Es el último día de nuestra luna de miel. Sarah está de pie en los Campos Elíseos, el sol se pone detrás del Arco del Triunfo en la distancia y el tráfico peatonal de la tarde pasa a toda velocidad en ambas direcciones.

    Sarah mira directamente a la cámara con esa gran sonrisa dentada suya.

    La misma sonrisa que me llamó la atención cuando nos conocimos. La sonrisa que yo decía que siempre me derretiría, no importa cuántas veces la haya visto.

    "¿Estás jugando con esa estupidez de nuevo?" pregunta tratando de adoptar su mejor tono de voz irritante, pero esa sonrisa se interpone en el camino.

    Nueve segundos. Amplío con zoom su rostro. Ella se esconde detrás de un grupo de bolsas de compras sobreornamentadas, el botín de una tarde que ha pasado aprovechando al máximo lo poco que quedaba en nuestras tarjetas de crédito después de una boda de doscientos invitados y un par de pasajes de avión intercontinentales.

    La cámara aleja el zoom y aparece una figura en el fondo emergiendo de una calle lateral en el extremo derecho de la pantalla. Destaca del resto de la bulliciosa multitud de inmediato, su figura ágil luce escultural y regia con un vestido blanco de verano.

    Trece segundos.

    Fuera de cámara, digo: "¿Ey, no es esa...?"

    Hago zoom pasando de Sarah, centrándome en esta nueva figura. Sarah gira la cabeza para mirar, un movimiento que apenas capto en el primer plano borroso antes de que desaparezca por completo de la vista, desplazada por esta nueva mujer. La estrella del pop.

    Diecisiete segundos.

    Lleva gafas de sol de gran tamaño con lentes marrón oscuro y su largo cabello rubio platino no deja de caerle delante de la cara, pero es inconfundiblemente ella. Ese rostro ha lucido seductoramente en los puestos de revistas de todo el mundo, ha sido reproducido millones de veces en todo, desde brillantes trapitos de moda hasta cutres tabloides de chismes. Esos labios llenos y carnosos han sido pegados en un mar infinito de carátulas de CD, esos labios que esculpen las notas con tal convicción melódica que incluso las letras de sugerencias más torpes parecen tentadoras.

    Pero ahora ella no se ve glamorosa ni seductora, habiendo abandonado la máscara bien practicada de su personalidad pública. Se ve cruda, real, casi humana. Hago más zoom. Ella gira para mirar a la cámara. Creo que me ve.

    Me mira directamente. Más zoom, tan cerca que no veo lo que está haciendo con las manos, no puedo ver lo que está sacando del bolso hasta que lo levanta a la vista y se desliza el cañón dentro de la boca.

    Veintitrés segundos.

    El disparo suena fuerte, incluso por encima del débil micrófono de la cámara, y un estallido rojo estalla desde la parte posterior de la cabeza. Durante una fracción de segundo, ella sigue mirando a la cámara, pero luego colapsa fuera de vista en el suelo.

    El video se vuelve caótico. Alaridos y chillidos aterrorizados sobrecargan el micrófono, convirtiendo el audio en un chirrido sónico distorsionado y confuso. La imagen tiembla violentamente mientras yo corro hacia la mujer, cruzándome al azar con las incoherentes formas de la multitud aterrorizada que surge en ambas direcciones, mitad corriendo hacia un lugar seguro, la otra mitad corriendo más cerca para ver mejor.

    Yo estoy lo bastante cerca como para poder abrirme camino hacia el frente. Como un demonio, sigo filmando. No podría decirte por qué no estaba pensando con claridad, solo reaccionando, puro instinto. La imagen se estabiliza y estoy justo encima de ella, enfocando su rostro extrañamente sin cambios. Se le han caído las gafas, dejando al descubierto dos ojos aún abiertos que miran hacia arriba. El cabello se le extiende por la acera como rayos del sol naciente sobre el horizonte, y un charco de sangre la corona como el halo de un cuadro medieval. Zoom a los ojos, que aún parecen muy vívidos y vivos, que aún parecen estar mirándome directamente. Una sensación extraña se apodera de mí, como si por un momento me olvidara de que está muerta, por un momento parece que aún pudiera verme, como si me hubiera pillado espiando su momento profundamente privado, y siento una punzada breve pero intensa. de culpa. Apago la cámara.

    Treinta y tres segundos. El video termina, la imagen en la pantalla de mi ordenador se congela en ese último fotograma, un primeriisimo plano extremo de sus ojos.

***

    Oí que la puerta se abría detrás de mí, así que rápidamente moví el ratón para cerrar la ventana del reproductor de video, revelando la foto de fondo de pantalla de Sarah y de mí en el altar.

    "¿Listo para irnos?"

    Sarah asomó la cabeza por el estudio. Hice clic un par de veces más para apagar el ordenador, refunfuñando un poco sobre que estaba revisando mi correo electrónico mientras esperaba que ella se preparara. Antes de apagarse, la pantalla ha permanecido en la imagen del escritorio durante otros 5 segundos y me he dado cuenta de que yo había mirado esa foto tantas veces que prácticamente no tenía sentido. Solo una colección aleatoria de píxeles rojos, azules y verdes, incapaces de provocar ningún tipo de respuesta emocional. Me sentí como un nervio muerto, frito por la sobreestimulación persistente.

    Sarah me detuvo en la puerta para arreglarme la corbata y alisarme el cuello.

    Frunció el ceño y dejó que las comisuras de la boca se inclinaran, telegrafiando pasiva agresivamente su disgusto con mi guardarropa.

    Íbamos a quedar con su hermano Alex para cenar. Era la primera vez que lo veíamos desde la boda y ella se había ataviado inmaculadamente con un vestido de cóctel drapeado de seda roja que le quedaba muy bien, y su corto cabello castaño rojizo cuidadosamente peinado en homenaje a Audrey Hepburn en Sabrina. No se había vestido tan bien desde la luna de miel y darme cuenta de ello despertó un tinte de resentimiento dentro de mí.

    "¿Qué pasa?" me preguntó. "Pareces distraído."

    "Nada," respondí con desdén mientras la rodeaba con mis brazos y la acercaba lo suficiente para oler el dulce aroma de vainilla de su perfume, haciendo todo lo posible por ignorar la forma sutil en que ella se estremeció ante mi toque.

    "Vamos a comer."

    Juntos, caminamos con cuidado por el pasillo, pisando la lona de plástico transparente que cubría el piso desnudo. Pasamos el comedor, que estaba vacío y cubierto de manera similar con láminas de plástico, y la cocina, que estaba salvajemente destripada y cubierta con láminas de plástico, y finalmente la sala de estar, que había estado abarrotada de todo el contenido que antes había estado en el interior de la cocina y el comedor, y luego cubierta con láminas de plástico.

    La remodelación había comenzado justo después de la luna de miel. Compramos la casa nueva cuando nos comprometimos, así que no había mucho que hacer desesperadamente. Solo unos pocos ajustes rápidos, se suponía que no tomaría más de uno o dos meses. Eso fue hace un año y dos préstamos.

    "¿Dónde nos vamos a reunir con él?" Pregunté mientras recogía las llaves y billetera de la mesita junto a la puerta principal.

    "Petaloúda's."

    Me detuve en seco. "Cariño, sabes que no podemos permitirnos el lujo de ir a lugares así ahora."

    "Lo sé," protestó. "Pero Alex quiere ir allí, y dijo que iba a su cuenta."

    Hice una mueca. "Sabes que no me gusta que Alex pague por todo."

    Ella suspiró, "Sí, lo sé." Pero ella ya había salido por la puerta.

***

    Lo vi por primera vez mientras subía los videos de la luna de miel desde el Flip de mi ordenador. Sarah se había ido directamente a dormir después de que el servicio de transporte del aeropuerto nos dejara, pero yo me obligué a permanecer despierto hasta después del anochecer, con la esperanza de restablecer mi reloj interno.

    Hasta ese momento me había estado diciendo a mí mismo que eliminaría el video, pero decidí echarle un vistazo antes, solo una vez para satisfacer mi curiosidad antes de relegarlo al olvido digital.

    Así que hice clic en PLAY y lo dejé pasar. Treinta y tres segundos. Apenas tiempo. Y sin embargo, el tiempo pareció detenerse. Aún no sé qué me cautivaba. Nunca fui fan de su música, ni me sentí particularmente atraído por ella. Ese tipo de reina del glamour rubio platino nunca había hecho gran cosa. Yo también, hasta ese momento, no me consideraba morboso ni obsesionado con la muerte. Películas de terror, música gótica, Caretas de Muerte, nada de eso era realmente lo mío. Pero esto era diferente. Esto no me parecía macabro ni deprimente. Había algo hermoso en ello, profundamente, inefablemente hermoso.

    Dejé que se acabara el video y luego cerré el reproductor. No borré el archivo.

    Lo veía solo ocasionalmente durante las próximas dos semanas. Siempre en casa y en mi ordenador, siempre por la mañana temprano o por la noche mientras Sarah dormía. No pensé que ella supiera que yo lo estaba viendo ni que aún lo tenía guardado. Nunca hablábamos de lo que pasó. Creo que al principio ella estaba demasiado conmocionada y siempre me hacía cambiar de canal cada vez que aparecía en las noticias algo sobre la estrella del pop. Luego, cuando llegamos a casa, el tema nunca surgió.

    Poco a poco, comencé a verlo cada vez más. El error fue cargarlo en mi iPhone para poder verlo en el trabajo. Me escabullía con creciente regularidad para encerrarme en un armario de suministros o en un baño y mirarlo con el volumen bajo. A veces incluso lo veía directamente en mi escritorio cuando tenía que trabajar hasta tarde, después de que todos los demás se habían ido a casa.

    Me obsesioné con ello. No podía dejar de pensar en ello. Detenido en un semáforo, me imaginaba a la estrella del pop dando la vuelta a la esquina, apareciendo justo a tiempo para verla meterse el arma en la boca y apretar el gatillo.

    Además, también comencé a darme cuenta de que, inexplicablemente, me estaba enamorando de ella. Había algo en la intimidad de ver su rostro mientras se preparaba para lo que estaba a punto de hacer, absorta en un momento intensamente personal, y luego, segundos después, levantaba la vista para verme filmarlo. Cuanto más lo veía, más veía ocurrir un cambio en ese instante, como un interruptor que se accionaba cuando su expresión facial pasaba de estar enojada conmigo por entrometerme en su privacidad y adquir una extraña calma, como un momento de claridad. Empecé a imaginar que hasta ese momento ella aún no había tomado una decisión firme sobre lo que estaba haciendo y que el filmarla la ayudaba a decidir, y que ella estaba agradecida por ello.

    Ya sea que todo eso estuviera en mi cabeza o no, sentí una conexión con ella, y era como si mi cerebro no supiera cómo interpretar esa conexión más que hacerla romántica. Empecé a descargar sus canciones y fui a Wikipedia para leer sobre su vida. Busqué fotos de ella en Google. Lo guardé todo en la misma carpeta que el video, una que mantuve oculta en un rincón oscuro de mi disco duro donde Sarah no pudiera tropezarse con ella, como mi santuario digital para ella.

    No recuerdo cuando el video pasó de romántico a sexual, pero sí recuerdo la primera vez que me masturbé con él. Sarah y yo no habíamos tenido mucho sexo desde la luna de miel. Ella se dedicaba obsesivamente a la remodelación hasta el punto en que se convirtió en su trabajo a tiempo completo. Mientras tanto, yo pasaba muchas horas en la oficina, recogiendo la holgura creada por una serie de despidos y tratando de hacerme lo más valioso, y por tanto difícil de reducir, como fuera posible. Nuestra deuda, que aumentaba rápidamente, y la tensión que esta creaba entre nosotros, tampoco ayudaron.

    Así que una noche cuando ella rechazó mis avances y me dejó sintiéndome frustrado, inquieto e increíblemente cachondo, me fui tambaleante a mi ordenador para encontrar algo que me ayudara a aliviarme. Sin embargo, en lugar de abrir pornografía, reproduje el video sin pensar, casi por instinto. Lo puse en un bucle, y durante las primeras tres o cuatro veces que se repitió me quedé sentado allí, mirando fijamente la pantalla, mirándola, imaginando cómo sería tocar esa piel, acariciar ese cuerpo, saborear esos labios. Finalmente, deslicé la mano dentro de mis bóxers y agarré mi polla, que estaba tan dura e hinchada que dolía. Me masturbé rápida y agresivamente, gruñendo mientras alcanzaba el clímax, explotando dentro de mis pantalones cortos en el momento exacto en que la bala atravesaba la parte posterior de su cráneo.

    Cuando terminé, me sentí tan sucio y asqueado conmigo mismo que borré el archivo del ordenador. A la mañana siguiente, sin embargo, noté que aún lo tenía en el teléfono. Aún así me dije a mí mismo que también lo borraría.

    Más tarde ese mismo día, sin embargo, me convencí de que no tenía que borrarlo, simplemente dejaría de verlo como una muestra de mi fuerza de voluntad o alguna mierda de esas. Como eso no sucedió, me conformé con ver cuánto tiempo podía pasar entre visitas y convertirlo en un juego.

    Mi récord fue de dos días, nueve horas, cuarenta y dos minutos.

***

    “¿Qué he estado haciendo? Veamos... viajar de mochilero por Nueva Zelanda, navegar y bucear en Phuket, explorar Machu Pichu, esquiar en los Alpes suizos, pescar cangrejos en Alaska. Ya sabes, lo mismo de siempre."

    Miré el cuchillo de carne que tenía en la mano y luché contra la tentación de clavármelo en la oreja.

    Nunca me había llevado bien con Alex. Había algo en él que me molestaba. Siempre me pareció demasiado ruidoso, demasiado burdo, demasiado obvio. Cinco años atrás vendió su empresa emergente a eBay e hizo algunas inversiones inteligentes con la inesperada ganancia, de modo que ahora básicamente estaba viviendo de sus dividendos.

    A veces resultaba difícil creer que Sarah y él procedieran de los mismos padres. Ella era como su negativo fotográfico. Mientras que la de él era el tipo de personalidad que dominaba instantáneamente cualquier habitación en la que él entraba, ella siempre parecía estar casi desprovista de personalidad, un lienzo vacío, como una infancia pasada constantemente eclipsada hubiera atrofiado su desarrollo. Era como la maleza debajo de un majestuoso secuoya que ni siquiera notabas que estaba allí hasta que te tropezabas con él.

    Eché un vistazo a Sarah, quien estaba pendiente de cada palabra de su hermano con gran atención, riéndose en los momentos adecuados y hablando solo cuando estaba estratégicamente programado para estimularlo a seguir elaborando y embelleciendo sus historias.

    Cambié mi mirada de ella hacia Alex y hacia esa amplia sonrisa tonta que se extendía grotescamente por el rostro, y finalmente a la cita de Alex, Vanessa. A diferencia de Sarah, ella no parecía demasiado absorta en las escapadas de Alex, ni le daba vergüenza mostrar su aburrimiento. No había dicho más de dos palabras durante toda la cena y se ocupaba de mirar al vacío con practicada indiferencia y pulirse vaso tras vaso de caro jerez.

    Me gustó.

    Estaba bastante seguro de que esta no era la misma chica que él había traído a la boda.

    Tenía un cabello negro en capas de estilo gótico o emo con mechas platino decoloradas, delineador de ojos grueso, lápiz labial oscuro, grandes aros plateados a través de la ceja, la nariz y el labio. Su rostro no sería considerado de otra manera sorprendentemente hermoso, sus rasgos parecían fuera de lugar en sus proporciones, pero era de las que usaba su estilo poco convencional a su favor, transformando sus defectos en idiosincrasias seductoras y exóticas.

    Cuando ella y Alex se habían puesto de pie para recibirnos, noté que ella llevaba un vestido con la espalda abierta para lucir sus tatuajes, una docena de mariposas que caían en cascada por la columna desde el omóplato derecho hasta la parte baja de la espalda.

    Ahora que la cena estaba llegando a su fin, ella tomó otro gran trago de jerez, terminó el vaso y me sorprendió mirándola. Descubrí que normalmente hay dos reacciones que la gente tiene ante este tipo de contacto visual accidental, o bien apartar la mirada abruptamente o sonreír o asentir en reconocimiento cortés antes de dejar que sus ojos se distraigan casualmente. Ella no hizo ninguna de las dos cosas, en lugar de eso, se encontró con mi mirada, dejando que nuestros ojos se bloquearan, desafiándome a mirar hacia otro lado.

    Finalmente lo hice, para mirarle las manos. Llevaba guantes de ópera de seda negra que le llegaban hasta la mitad del bíceps y que ella no se había molestado en quitárselos para la cena.

    De repente, sentí una mano sobre la mía y luego sacudí la cabeza hacia los lados.

    La mirada de Sarah siguió la mía hasta los guantes de Vanessa, y entrelazó nuestras manos sobre la mesa.

    “¿Y cómo estuvo la luna de miel? Estuvisteis en París casi al mismo tiempo que la cantante se suicidó, ¿cómo se llamaba...?"

    "Sí," respondió Sarah a su hermano. “De hecho, estuvinos allí cuando sucedió. Incluso lo grabamos en video."

    "No jodas" Alex se maravilló. "¿Aún lo tienes?"

    Sarah me miró y gorjeó: "Estoy segura de que sí, ¿verdad?"

    Abrí la boca, pero mi mandíbula se aflojó, las palabras me fallaron cuando sentí la sangre caliente brillando en las mejillas. Sabía que era completamente irracional, pero hablar del video tan abiertamente parecía como si me hubieran pillado con los pantalones bajados, como si descubrieran mi escondite de pornografía entre el somier y el colchón cuando era adolescente.

    "Sí," chirrié finalmente, medio ahogándome con la palabra.

    "¿Por qué no lo has vendido? Probablemente podrías haber hecho una fortuna en TMZ o algo así." preguntó Alex con incredulidad. “Era la cantante más grande del mundo, cada una de sus canciones era un éxito instantáneo en las listas. Podrías haber llamado al video Número Uno con una Bala o alguna mierda de esas. Sería legendario."

    "No sé," me encogí de hombros, manteniendo la mirada baja. “Supongo que me pareció de mal gusto." Me arriesgué a mirar a Vanessa, cuyos ojos muy abiertos brillaban con genuino interés por primera vez esa noche.

    "Yo creo que eso es guay," dijo ella. “¿Por qué cada momento de nuestras vidas tiene que publicarse inmediatamente en YouTube? Algunas cosas están destinadas a ser personales, a ser privadas; de lo contrario, no son tan especiales."

    "Lo que tú digas," resopló Alex, sacudiendo la cabeza hacia mí. "Podrías haber hecho un banco, solo estoy diciendo eso. Esa hipoteca vuestra no se va a pagar sola."

    Miré de él a Vanessa, quien me guiñó un ojo con complicidad, como diciendo que ella lo entendía aunque él no pudiera, y finalmente miré a Sarah, quien estaba dibujando distraídamente formas con un cuchillo en la salsa sobre el plato, con una sutil y amarga sonrisa fija en sus labios.

***

    Comenzó a la mañana siguiente en el trabajo.

    La vi entrar en un ascensor en mi planta justo cuando yo regresaba de nuestra reunión semanal de personal. Yo estaba demasiado lejos para llamar su atención sin provocar una escena, pero era inconfundiblemente ella.

    "Acabas de perderte la de las once en punto," dijo mi secretaria Anita cuando llegué a mi oficina. “Mujer de cabello oscuro. Creo que dijo que se llamaba Vanessa. Dejó esto para ti."

    Me pasó una tarjeta de visita desde el mostrador de recepción. Era de uno de los moteles de la calle y tenía un mensaje escrito a mano en la parte de atrás:

    «Quiero verte. Ven durante tu almuerzo. Habitación 213.»

    La puerta de la habitación del motel estaba abierta cuando llegué. En el interior, la habitación estaba completamente oscura a excepción de la luz que emanaba de la pantalla azul del televisor.

    Cuando la encontré sentada en el borde de la cama, me detuve en seco sorprendido y la miré boquiabierto desde el otro lado de la habitación.

    Dijo que se llamaba Vanessa, había dicho Anita. Tuve que sonreír.

    Ella se inclina hacia atrás con indiferencia, apoyada sobre los codos, vestida con un vestido negro corto, medias a rayas hasta los muslos y los mismos guantes largos de anoche.

    Sus labios pintados de negro se torcieron en una sonrisa irónica mientras se apartaba algunos mechones de cabello negro de su rostro.

    "Bueno, ¿qué estás esperando?" ronroneó. "Ponlo."

    Con el cable que yo había traído de mi oficina, conecté el teléfono a la tele. Sentía las articulaciones de madera, los dedos incómodos y torpes, me hormigueaba la piel con la emoción de entregarme a un placer culpable. Ver el video con otra persona, especialmente ella, me hacía sentirme desnudo y vulnerable.

    Le di al PLAY y me uní a ella en la cama. La luz de la pantalla se reflejaba en esa piel pálida, provocando que los colores y las sombras bailaran en ese rostro.

    Ella observó en silencio y gran atención, se le agrandaron los ojos cuando la pistola entró en el marco y se deslizó dentro de la boca de la estrella del pop. Separó los labios levemente cuando el arma se disparó, lo suficiente para dejar escapar un pequeño jadeo apenas audible.

    La pantalla se congeló en el último fotograma, los ojos muertos de la cantante de pop nos miraban.

    "Otra vez."

    Configuré el video en bucle. Ella me agarró bruscamente la muñeca y guió mi mano sobre su muslo, deslizándola por debajo del vestido, lenta y burlonamente, hasta que finalmente sentí la carne desnuda y recién afeitada entre sus piernas.

    Mis ojos se fijaron en ella. Los suyos permanecían bloqueados en la pantalla. Deslicé los dedos dentro de ella y comencé a moverlos adelante y atrás con un ritmo firme y constante.

    Mientras tanto, el video siguió reproduciéndose con su propia síncopa cíclica, extraña, tranquila al principio, entrando en zoom, acumulando la tensión, luego la pistola, luego el disparo, luego el caos. Repetición.

    Calma. Zoom. Pistola. Caos.

    Calma. Zoom. Pistola. Caos.

    Ella embestía con las caderas y canturreaba una serie de gemidos entrecortados, cada uno ligeramente más fuerte que el anterior, creciendo en intensidad hasta que finalmente comenzó a alcanzar el clímax.

    Echó la cabeza atrás y empujó la pelvis hacia adelante, y sentí su cuerpo temblar junto al mío. Cuando terminó, colapsó gentilmente sobre mí, apoyando la cabeza en mi hombro para que su respiración cálida y pesada me hiciera cosquillas detrás de la oreja.

    Yo no estaba realmente seguro de qué hacer a continuación ni si debía hacer o decir algo. Así que me quedé allí inmóvil en el borde de la cama, mirando estúpidamente la pantalla de la tele.

    Una vez que ella recuperó la compostura, se levantó, se echó un largo abrigo negro y se marchó sin decir una palabra.

***

    Nos encontramos regularmente después de aquello, generalmente una o dos veces por semana. Siempre empezaba de la misma forma, aparecía una nota con la dirección y el número de habitación de un motel.

    A veces encontraba la nota en mi oficina o en el limpiaparabrisas del coche, a veces debajo de la cuenta en el almuerzo o metida en el bolsillo exterior de la funda de mi ordenador portátil. Yo nunca la veía dejarlas, pero paradójicamente, comencé a ver la nota en todas partes, imaginando que cada oscura forma femenina en mi visión periférica era ella. Luego, movía la cabeza y ella desaparecía o se convertía de nuevo en un extraño al azar, existiendo solo como fugaces vislumbres, suspendida siempre en los confusos bordes de la percepción.

    Incluso cuando estaba con ella, ella parecía igual de insustancial. Solo podíamos conectar íntimamente cuando se reproducía el video. Era como un hechizo mágico que se rompía cada vez que yo pulsaba STOP, una llama brillante que ardía intensamente durante un instante y luego desaparecía.

    Cuando esta terminaba, ella no perdía tiempo en vestirse y salir. La charla de almohada estaba fuera de discusión. Un par de veces insistí en que se quedara y se tumbara a mi lado. Ella consintió, pero apenas hacía esfuerzo alguno por complacerme, permanecía rígida como una tabla mientras yo trataba de abrazarla.

    Con el tiempo, su frialdad y falta de respuesta me desanimaba por completo, me rendía y me marchaba.

    Una vez, más por morbosa curiosidad que por cualquier otra cosa, traté de saltarme el video por completo y me lancé directamente a besarla y manosearla. Solo para ver qué pasaba. Ella me empujó sin ceremonias y me miró como si la hubiera traicionado, como si hubiera violado algún voto sagrado, algún entendimiento tácito que existía entre nosotros.

    Finalmente me resigné a una relación sin emociones que consistía únicamente en pervertido sexo sin ataduras en la habitación de un motel que, puesto así, no era tan difícil después de todo.

    Desafortunadamente, las cosas con Sarah no eran tan sencillas.

    Cada día ella parecía volverse aún más distante y retraída, sumergiéndose por completo en la remodelación. Comenzó a tratar nuestra casa como un bloc de dibujo, un borrador, en el que podía perseguir cualquier fantasía pasajera de manera exhaustiva, solo para ver si le gustaba, y luego, casualmente, lo destrozaba y comenzaba de nuevo. Hizo instalar suelos de madera, arrancarlos, reemplazarlos con moquetas, arrancarlas otra vez y reemplazarlas con suelos de madera más oscuros. Comenzó a diseñar extensiones para la casa, haciendo que los arquitectos dibujaran planos para un ala completamente nueva que nunca podríamos permitirnos construir, aunque nuestra cocina llevaba inacabada e inutilizable durante más de nueve meses.

    Yo era vagamente consciente del deterioro de su salud. Ella casi nunca comía, dormía menos y su rostro estaba tan perpetuamente destrozado por la tensión nerviosa que pensé que podría haberse estado enfermando físicamente, psicosomáticamente, como si algo la carcomiera desde dentro. Nunca llegué a preguntarle qué le pasaba. Siempre quería preguntar, pero yo nunca tenía la jodida energía.

    Casi nunca hablábamos, y mucho menos tocarnos, y las pocas conversaciones que teníamos siempre empezaban siendo sobre la casa y terminaban en una amarga batalla sobre nuestras finanzas.

    Una noche, después de que una discusión se volviera particularmente amarga, salí como un basilisco a dar una vuelta solo para calmarme. Cuando llegué a casa, había una nota de Sarah en la puerta que decía que necesitaba algo de espacio y que se había ido a pasar el fin de semana con sus padres.

    Me encogí de hombros, entré y me fui a la cama.

    Aunque mientras caminaba por el pasillo, noté que una luz parpadeaba debajo de la puerta cerrada de mi estudio.

    La encontré esperándome adentro, sentada en la silla de mi escritorio y completamente desnuda excepto por esos guantes omnipresentes. Ella había conectado el ordenador a mi proyector de video, y el video se estaba reproduciendo en la pared opuesta, enorme.

    La estrella del pop estaba apretando el gatillo justo cuando entré. Veintitrés segundos.

    Ella se levantó y cruzó la habitación hacia mí con el brazo derecho extendido y unas esposas de metal colgando sueltas de su dedo índice.

    Antes de que supiera lo que estaba pasando, ella estaba encima de mí, besándome la boca y el cuello con voraz avidez. Sus piernas me envolvieron la cintura y yo me arqueé hacia atrás para soportar el peso, luego la llevé al dormitorio. La tiré sobre la cama y me abalancé sobre ella, su sentido de urgencia y abandono se había extendido de manera contagiosa, llevándome a un frenesí de pasión ciega.

    Cuando por fin nos agotamos el uno al otro, me derrumbé a su lado, me ardían los músculos de cansancio, sentía la piel caliente, pegajosa y sucia por el sudor. Ella aún estaba esposada a la cabecera, boca abajo y de espaldas a mí.

    Me acerqué, apretándola con mi carne firmemente, encajando nuestros cuerpos como piezas de un rompecabezas y rodeándola suavemente con mis brazos.

    "Supongo que quieres que me quede," dijo ella mientras traqueteaba con las esposas.

    No respondí, sino que me incliné para plantarle una serie de suaves besos en la nuca. Luego, lentamente, arrastré los dedos por su espalda, trazando con cautela la suave curva de su columna. Ella se estremeció, se le puso la pálida piel de gallina. Pasé los dedos hacia arriba, saltando alternativamente con los dedos índice y medio de un tatuaje de mariposa a otro, como ranas saltando sobre nenúfares.

    Cada una de las mariposas era única en su pose y tamaño, pero sus alas eran todas del mismo color amarillo vibrante con venas negras gruesas y puntas anaranjadas.

    "Son Jezabeles Comunes," dijo ella.

    “¿El qué? ¿Las mariposas?"

    "Sí"

    Solté un bufido.

    "En serio, así es como se llaman," insistió. "Jezabeles Comunes, delias eucharis"

    "¿Eucarist?"

    “Eucharis. Sin t." Se movió incómoda, tratando de mantener la sangre fluyendo a pesar de su posición incómoda. "Aunque supongo que es el mismo principio general. Crisálida. Transubstanciación. Transformación. Convertir algo común o feo en algo hermoso."

    "¿Por eso te las hiciste?" Le pregunté. “¿Porque te consideras fea? ¿Porque crees que te hacen hermosa?"

    Ella hizo clic en un botón de seguridad en las esposas, se sentó erguida, se frotó las muñecas a través de los guantes y luego se fue.

***

    Sarah llegó a casa unos días después. No hubo disculpas de ninguno de los lados, ningún reconocimiento de que había habido una pelea siquiera. Yo llegué a casa un día y ella estaba allí, como siempre había estado, como yo asumí que siempre estaría.

    Para un observador externo, podría haber parecido que las cosas volvían a la normalidad. Sin embargo, había algo diferente, algo que yo no pude identificar al principio. Entonces me di cuenta de que ya no estábamos peleando. Y como no estábamos peleando, en realidad no estábamos hablando de nada. Empecé a sentir como si fuéramos dos inquilinos viviendo en la misma casa, apenas conscientes de la existencia del otro, esforzándonos por no chocar demasiado.

    Cuanto más distante se volvía Sarah, más intensas se ponían las cosas con Vanessa. Las esposas solo fueron la punta del iceberg. Pronto hubo velas, látigos, mordazas, juguetes, disfraces. Y no eran solo los accesorios, el sexo en sí se estaba volviendo más duro, más oscuro. Yo quedaba hecho polvo durante días después de cinco encuentros, y cada vez que me veía en el espejo después de la ducha, descubría un nuevo conjunto de moretones, marcas de mordeduras o arañazos.

    Un día entré en la habitación del motel y la encontré vestida como la estrella del pop de uno de sus primeros videos, con una peluca larga rubia platino, un vestido con estampado de cebra y un rayo azul pintado debajo del ojo. Lo único que no combinaban, por supuesto, eran los guantes.

    Mientras me llevaba a la cama, cantó en voz baja una letra de la canción. No pude evitar soltar una risita.

    "¿Por qué te ríes?" me preguntó. "De esto se trata realmente, ¿no?"

    "¿Qué quieres decir?" Respondí, quizá un poco más a la defensiva de lo que me gustaría admitir.

    "Por favor," entonó con reproche. "¿De verdad vas a fingir que nunca has fantaseado con follar con ella?"

    Me empujó hacia abajo para sentarme en el borde de la cama y luego se arrodilló entre mis piernas. Echando una rápida mirada por encima del hombro al video que se reproducía en la televisión, agregó: "Apuesto a que te la has meneado viendo esto. Hay algo subliminalmente erótico en ello, ¿verdad? Eso es parte del atractivo. La forma en que envuelve esa pistola con los labios, como chupando una polla."

    Me bajó la cremallera de los pantalones y se la metió en la boca, y yo apenas tardé en llegar. La agarré por la cabeza y tiré hacia abajo, con los dedos tirando de la peluca rubia ligeramente torcida mientras mi cuerpo se convulsionaba incontrolablemente y yo sentía estar preparado para explotar.

    ¡Bam!

    Veintitrés segundos.

    Se echó el pelo hacia atrás y se secó los labios con el dorso de la mano enguantada. "Cuidado, tigre," ronroneó mientras se arreglaba la peluca. "No quisiera arruinar la ilusión."

    “Es un buen disfraz," admití. "Pero algo no encaja del todo."

    Extendí la mano y la agarré del brazo, luego comencé a quitarle el guante.

    Ella no protestó, solo me miró con el ceño fruncido. También le quité el otro y luego miré sus antebrazos desnudos y la intrincada red de cicatrices rojas dentadas talladas en ellos.

    "¿No es un cliché la chica cortadora gótica?"

    "Que te jodan," espetó y se levantó para irse.

    Una vez más, la agarré del brazo. Ella vaciló, se volvió para mirarme y sonrió. De repente estábamos de nuevo en la cama, atrapados el uno en el otro. Tiré de mis pantalones el resto del camino hacia abajo y comencé a subirle el vestido, pero luego de repente me detuve, sorprendido por lo que encontré.

    Atado al muslo derecho tenía un revolver del.38 de cañón corto.

    Ella rió con maliciosa alegría, saboreando la expresión de mi rostro. Luego sacó el revólver y lo trazó seductoramente por su pecho.

    "¿Qué te pasa? ¿No te parecen sexys las chicas con armas?"

    Me eché atrás un poco, como si fuera a soltarme de ella, y ella levantó rápidamente el revólver y apretó el cañón contra mi pecho.

    "Mejor que no esté cargada esa cosa."

    Ella se encogió de hombros, luego, con una risita, amartilló el arma.

    Contuve la respiración.

    Ella apretó el gatillo.

    ¡Bam!

    Detrás de mí, los cerebros de la estrella del pop explotaron en la parte posterior de su cabeza.

    Veintitrés segundos.

    Me levanté rápidamente y me fui, ignorando sus maliciosas carcajadas mientras me seguía hasta la puerta.

    Regresé al trabajo esa tarde sin poder quitarme la sensación de que habíamos doblado una esquina, que lo que fuese que estaba pasando entre nosotros se había vuelto mucho más oscuro y decididamente insalubre. O quizá siempre lo había sido, pero ahora habíamos pasado el punto en el que no podía seguir negándomelo a mí mismo. En cualquier caso, tuve la ominosa sensación de que las cosas estaban a punto de empezar a caerse en pedazos.

    Por suerte, no tenía nada que hacer esa tarde que requiriera mucha concentración. El resto del día estuvo dominado por una reunión de estrategia de marketing y yo pasé la mayor parte del tiempo imaginándome a todos los demás en la mesa de conferencias sacando armas y volándose los sesos, uno tras otro en un pequeño círculo ordenado, como fichas de dominó.

    Dos días después, sin embargo, el nudo que sentí retorciéndose en el estómago resultó ser inquietantemente profético.

    Cuando entré a la casa, pude oír la voz de Sarah proveniente de la habitación que alguna vez fue, pero que aún no estaba completamente restaurada, nuestra sala familiar. Normalmente yo habría asumido que ella estaba hablando con los contratistas, pero su voz era diferente, más alegre, más animada. Caminé en esa dirección, con la intención de asomar la cabeza mientras fingía la mayor desintención posible, cuando se unió la voz de una segunda mujer.

    Cuando doblé la esquina y los vi a las dos juntas, se me heló la sangre. Sarah y Vanessa estaban sentadas en el suelo con un bloc de notas y una serie de revistas de bodas esparcidas sobre la mesa de café entre ellas. Sarah vestía un escote en pico de manga larga y pantalones vaqueros, mientras que Vanessa vestía una camiseta sin mangas y un sari sobre unos vaqueros y una enorme piedra centelleante en el dedo anular izquierdo. Ambas me sonrieron con un júbilo diabólico.

    Ahogué unas débiles y superficiales felicitaciones, luego asentí cortésmente y fingí que no me importaba una mierda mientras ellas me informaban sobre sus planes preliminares para el gran día. Por mucho que traté de no hacerlo, mis ojos volvieron al anillo de Vanessa y desde allí se dirigieron a su antebrazo desnudo e inmaculado. Aparté la mirada rápidamente y la mirada de Sarah se encontró con la mía. Ella rompió nuestro contacto visual después de solo unos segundos, volteando y tirando distraídamente de los puños de sus mangas, asegurándose de que permanecieran abajo por completo.

    A la tarde siguiente, yo estaba tumbado desnudo en otra cama de motel. Ella estaba tirando seriamente de mi polla flácida en vano. Suspiré fuerte, comenzando a sentir un crujido en mi cuello, y le di la espalda.

    "¿Qué pasa?" dijo ella con el tono desafiante de alguien que está ansioso por pelear.

    No respondí.

    "¿Esto es por lo de la boda?"

    Silencio.

    “¿Qué? ¿Así que ahora vas a estar deprimido porque esta pequeña y delicada fantasía que has soñado está comenzando a romperse?"

    "No," respondí finalmente, luego me puse de pie. "Es solo, ¿cómo puede ella... tú casarte con Alex? Quiero decir, ¿cómo puedes amarlo si estás follando conmigo?"

    Ella hizo una pausa y, por un breve momento, pareció dolida, como si acabara de abofetearla. "Bueno, tú estás follando conmigo, ¿verdad? ¿Significa eso que no amas a tu esposa?"

    Me vestí en silencio, dándole la espalda para no ver la ardiente mirada de justa indignación que podía sentir y que me erizaba el vello de la nuca.

    Yo había terminado y ya me dirigía hacia la puerta cuando ella dijo su última palabra.

    "Es sólo cuestión de tiempo que te canses de mí también" Dijo acusadoramente, cada palabra sonando fuerte como una carga explotando fuera de una cámara. "Después de todo, te aburriste de Sarah bastante rápido."

***

    No la vi durante varias semanas después de eso. En realidad, eso no es estrictamente cierto; en cierto modo, por supuesto que la vi todo el tiempo. Sarah puso la remodelación en pausa indefinida y dejó la casa congelada en medio de la metamorfosis para ayudar con los preparativos de la boda, y Vanessa comenzó a venir todos los días. Pero yo solo las veía a las dos de pasada mientras deambulaba por la casa como un fantasma y las chicas seguían parloteando, deliberadamente ajenas a mi presencia.

    No hubo más notas ni más habitaciones de motel.

    Para colmo de males, cuanto más tiempo pasaban juntas las dos chicas, más frecuentemente mi camino se cruzaba inevitablemente con el de Alex.

    De vez en cuando él me obligaba a salir a tomar unas cervezas, siempre insistiendo en pagar, solo para restregarme su dinero en la cara. Afortunadamente, no hablaba mucho; por lo general, simplemente nos relajábamos en el bar y veíamos a los Giants.

    Sin embargo, una noche noté que él tenía algo en mente. No dejaba de intentar darme conversación, probando tentativamente varios iniciadores de conversación a la manera distintiva de un típico macho alfa cerrado que tiene algo serio de qué hablar pero está absolutamente aterrorizado de hablar de algo serio, jamás.

    "¿Cómo ha estado mi hermana?" aventuró manteniendo desesperadamente su mirada apartada de mí y ocupándose de quitar metódicamente la etiqueta de su botella de Anchor Steam.

    "Está bien," respondí resolviendo hacer esto lo más difícil posible para él con la esperanza de que simplemente se rindiera.

    "Últimamente se la ve bastante crispada," continuó. "¿Va todo bien entre vosotros?"

    "Ella está bien," repetí. Luego, después de un par de sorbos nerviosos de mi cerveza, agregué: "Se ha estado volviendo loca con la remodelación de la casa. Hace una habitación, cambia de opinión, la destroza, lo intenta otra vez, cambia de opinión de nuevo, la destroza y luego pasa a otra cosa. Es como si viviéramos en un perpetuo solar de construcción. Es imposible vivir así, sin mencionar la presión que eso supone para nuestro presupuesto."

    Él asintió con simpatía. "Sí, no seas demasiado duro con ella. Es diferente para las chicas que para nosotros. A nosotros nos criaron para salir a cazar y explorar. Ellas se crían para crear hogares. Quiero decir, mira los juguetes con los que jugábamos cuando éramos niños. Ellas tenían casas de muñecas y hornos fáciles de hornear y soñaban con ser princesas viviendo en castillos, mientras que nosotros teníamos pistolas y espadas y soñábamos con viajar a galaxias muy, muy lejanas en busca de acción y aventura." Hizo una pausa y luego añadió intencionadamente: "Por eso hacemos engañamos tanto, ¿sabes?."

    Yo aspiré entre dientes con desdén. "Eso no suena muy ilustrado de tu parte. Deberías haber visto a algunas de las chicas con las que crecí. Sabían jugar a vaqueros y a los Storm Troopers como los mejores."

    "No estoy diciendo que sea cierto," respondió. "Ni siquiera estoy diciendo que sea natural. Estoy seguro de que eso tiene tanto que ver con el condicionamiento como con la biología. Simplemente es lo que hay."

    Me encogí de hombros. "Vale, lo que tú digas, entonces, ¿a dónde coño quieres llegar?"

    Se desplomó en el asiento, finalmente logró quitar por completo la etiqueta de la botella de cerveza y la miró perplejo, como si pensara: ¿Qué se supone que debo hacer ahora con esto?

    "Solo estoy preocupado por mi hermana, eso es todo. Ya sabes cómo se pone. Sé cómo se pone. Cuando fuimos adolescentes pasó por un par de momentos muy malos. Dejó de comer, dejó de hablar con la gente, comenzó a retirarse a su propio mundillo, permaneciendo encerrada en su habitación como envuelta en un capullo. Fue entonces cuando empezó con la terapia y a tomar las pastillas. Fueron tiempos bastante duros, hubo algunos sustos, no tengo que explicártelo todo, ya has oído las historias. El caso es es que mi hermana es una chica maravillosa, muy especial, pero en muchos sentidos también es muy frágil. Solo espero que tengas cuidado con ella."

***

    Ella vino a verme una última vez.

    La última noche, comenzó con una pesadilla que me despertó alrededor de las 2 am. Caminé hasta la cocina por un vaso de agua y la encontré esperando en la sala de estar. Estaba a oscuras, vacía y cubierta de plástico, iluminada solo por la luz de la luna a través de la gran ventana sin cortinas. Ella estaba de pie en el centro de la habitación, desnuda y holgadamente envuelta en una de las lonas de plástico transparente. La luz de la luna azul pálido impregnaba la lona con un brillo etéreo, como un capullo de fibra óptica.

    Me acerqué a ella y comencé a desenvolverla lentamente. Ella se mordía el labio inferior juguetonamente mientras giraba, dejando que se le pelara el plástico.

    Cuando finalmente estuvo completamente desnuda, noté con sorpresa cuánto peso había perdido durante las últimas semanas. Su cuerpo parecía delgado y frágil. También vi que sus brazos tenían recientes cicatrices talladas en ellos, algunas de las cuales aún estaban húmedas.

    Entonces vi algo en las manos, algo que brillaba al captar la luz de la luna. Cuando mis ojos se adaptaron a la oscuridad, me di cuenta de que era el Flip. En unos segundos estábamos en el suelo, nuestros cuerpos se retorcían apasionadamente sobre el plástico arrugado. Ella levantaba la cámara para filmarnos besándonos mientras yo pasaba los dedos por sus largos rizos negros y tiraba con fuerza.

    "Cuidado, tigre," rió juguetonamente mientras estiraba la mano y se alisaba el cabello oscuro. "No querría arruinar la ilusión."

    Esa noche fue diferente a las otras veces. Saboreamos la topografía de los cuerpos del otro como si estuviéramos explorando una tierra desconocida.

    Aquello me recordó cómo había sido con Sarah cuando comenzábamos a salir con alguien emocionante, urgente y nuevo. Había una sensación de fundirse en otra persona, fundir tu carne, moverse como una.

    Me quedé dormido después de terminar y cuando abrí los ojos, vi a Sarah sentada en el rincón más alejado, desnuda con la espalda contra la pared y las rodillas dobladas para mantener las piernas pegadas al cuerpo. Llevaba algo brillante en la mano derecha. Al principio pensé que era la cámara, pero luego me di cuenta de lo que sujetaba.

    Levanté la cámara frente a mí hasta que pude verla enmarcada dentro de la pantalla. Ella estaba mayormente oculta en la sombra, pero las laceraciones rojas brillantes que se entrecruzaban en sus antebrazos se destacaban vibrantes a la luz de la luna.

    Empecé a grabar.

    Cero segundos.

    "Lo siento," dije. No estaba seguro de si lo decía en serio, pero parecía lo que se suponía que debía decir, como líneas en un guión.

    Ella me dirigió una sonrisa como la de la Mona Lisa, llena de reproches e indulgencia. Era el tipo de sonrisa que una madre tendría para su hijo falsamente arrepentido, del tipo que dice: ¿A quién estás tratando de engañar?

    Nueve segundos.

    "No tienes por qué sentirlo," dijo Sarah. “Querías follar con otra persona y yo quería ser otra persona. Al principio tenía sentido, pero ahora me doy cuenta de que esto nunca va a funcionar. Porque no importa en quién me convierta, tú siempre querrás follar con otra persona y yo siempre querré ser otra persona."

    Sentí que debía defenderme de alguna manera, pero, por una vez, por suerte tuve el buen sentido de mantener la puta boca cerrada.

    Diecisiete segundos.

    "En cierto modo curioso, es reconfortante," dijo ella, "saber que no importa qué otra cosa ocurra en el resto de tu vida, al menos yo siempre seré tu primera. Tu número uno."

    Veintitrés segundos.

    Se llevó la pistola a la cabeza y apretó el gatillo.

FIN

4. 1999

(1999)

    Bien podría decirte desde el principio: en realidad no pasa nada en esta historia.

    Cerré de golpe la pesada puerta de salida de emergencia y me zambullí en el callejón detrás del club, cayendo de rodillas y expulsando cantidades absurdas de vómito al suelo de cemento.

    Cuando terminé de vaciar las tripas, escuché el claqueo de dos zapatos de plataforma con estampado de cebra y talla cuarenta y cuatro que me seguían. Apartándome el flequillo rubio teñido de los ojos, alcé la vista para mirar a un travesti mexicano de más de metro ochenta sonriéndome, llevando gafas de plástico para fiestas con la forma del número 2000, con los dos ceros centrales como agujeros para los ojos.

    "Vale, la banda de apertura era mala, pero no eran tan malos," arrulló ella juguetonamente.

    Rio se arrodilló para ayudarme a levantarme. Esta noche llevaba su peluca rosa, junto con un chaquetón con adornos de piel, pantalones cortos de cuero negro y mallas rosas. Hice lo mejor que pude para no vomitar sobre ella, pero no lo logré del todo.

    "¿Qué está pasando? ¿Estáis bien?" Adam asomó la cabeza por la puerta abierta, con el rostro afectado por la preocupación. Era el chico hetero simbólico de nuestra pequeña pandilla: un adorable y regordete filipino con una camiseta de Sleater-Kinney.

    "Estoy bien," dije limpiándome de los labios los restos de vómito con el dorso de la mano.

    "Entraré corriendo y pillaré algunas toallas de papel," dijo Adam amablemente y desapareció.

    Me senté con un golpe sordo, traté de alejarme lo más posible de mi suciedad y apoyé la espalda en el costado del edificio. Rio se puso en cuclillas a mi lado, poniéndose a mi nivel pero aún teniendo cuidado de no tocar el sucio suelo del callejón.

    "¿Y qué pasó?" me preguntó. "No bebiste tanto, ¿verdad?"

    "No, no sé qué es," respondí rascándome la pierna derecha por encima de los vaqueros. “No me sentía bien esta noche para empezar. Luego, por alguna razón, estando allí con toda esa gente y la música tan fuerte, tuve un extraño ataque de pánico claustrofóbico. Solo tenía que salir."

    Rio asintió con simpatía. "Comiste una hamburguesa Gardenburger para cenar, ¿no?"

    "Sí, ¿qué tiene eso que ver con nada?"

    Rio torció sus gruesos labios rojo sangre en una mueca de disgusto. “Porque tienes trozos en las tetas. En serio, no he podido oír una palabra de lo que has dicho. Me he quedado mirándolas rebotar arriba y abajo mientras hablabas."

    Bajé la vista y vi que, de hecho, tenía repugnantes trocitos en el escote y en la parte delantera de mi batidor blanco.

    "Mierda. ¿Dónde está Adam con esas toallas de papel?"

***

    Después de que Adam y Rio ayudaran a limpiarme, Rio me dio su brillante blusa rosa de debajo de su abrigo para que me la pusiera. Era demasiado grande y demasiado glamorosa para mi gusto, pero al menos no estaba cubierta de vómito, así que no estaba dispuesta a decir que no. Luego volvimos al club y encontramos a Magdalena.

    Estaba de pie justo donde la habíamos dejado: presionada contra el escenario, ojos fijos en la banda con un enfoque inquebrantable, balanceándose con gracia al ritmo. Cuando volví a ocupar mi lugar a su lado, se volvió para sonreírme casualmente, como si ni siquiera se hubiera dado cuenta de que me había ido.

    "¿Esa es la misma camisa que llevabas antes?" preguntó ella con un toque de confusión.

    "Sí," asentí cálidamente con una sonrisa y apoyé la cabeza en su hombro mientras reanudamos la observación de la banda.

    Maggy era la hermana de Rio y un año mayor que el resto de nosotros. Tenía un tipo clásico de belleza, como una vieja estrella de cine, rasgos impecables, un cuerpo asombroso y una forma elegante y regia de comportarse. No era ningún secreto que yo hubiese tenido un flechazo desesperado por ella desde que nos conocímos, a pesar de haberme resignado al hecho de que ella no era gay. Sin embargo, tampoco pensé que ella fuera realmente heterosexual; ella siempre emitía un rollo completamente asexual. Yo nunca había visto que ella mostrara interés en nadie, hombre o mujer, y cada vez que surgían los temas del sexo, el amor o la atracción, ella se sentaba en silencio con una media sonrisa y miraba a lo lejos, casi como si todos los demás hablaran en un idioma extranjero que ella no podía entender.

    Yo la conocí a través de Río cuando ambos se trasladaron a nuestro instituto dos años atrás. Rio se unió al periódico, del cual yo era la editora estudiantil. La primera vez que lo conocí, el asesor de periodismo de la facultad me la presentó como Matthew, al menos antes de que lo corrigieran abruptamente. “Es Río, cariño. Matthew es mi nombre de esclavo."

    Su primer artículo fue una revisión de la actuación de la noche de apertura del departamento de drama de The Crucible. Estaba escrito completamente en verso, contenía una sinopsis de la trama que de ninguna manera reflejaba la obra real, pasaba una cantidad excesiva de tiempo observando y criticando el calzado de la audiencia y culminaba con una descripción de cómo, a mitad del segundo acto, el teatro era secuestrado por hombres-lagarto nazis extraterrestres vestidos de drag queen que retenían a todo el mundo como rehenes y exigían el cadáver de Marilyn Monroe como rescate. Yo lo publiqué palabra por palabra. Nos convertimosal instante en mejores amigos.

    En el escenario, la banda irrumpió furiosamente en una extendida jam instrumental con la guitarra emergiendo con ondas de chirriante acople mientras el bajo y la batería establecían un ritmo incesante y amenazante. Rio comenzó a volverse loco, aullando junto con la guitarra mientras echaba los brazos alrededor del cuello de su hermana y saltaba arriba y abajo en el sitio. Maggy reía en voz baja mientras se doblaba bajo el peso de Rio.

    Siempre me gustaba verlos a los dos interactuar entre sí. Eran completamente opuestos: donde Maggy era modesta e introvertida, Rio llamaba la atención. Donde Maggy hablaba en voz baja y siempre usaba palabras medianas como "tal vez" y "un poco," Rio escupía sus opiniones con violenta urgencia. Y donde Maggy no mostraba nunca ningún tipo de interés romántico, nunca, Rio intentaba follarse cualquier cosa que no estuviera encerrada o atornillada. Lo cual, incidentalmente, era la razón por la que todos habíamos sido arrastrados al espectáculo de esta noche y, específicamente, por la enorme montaña de músculos en Dickies y los dedos de acero martillando detrás de la batería.

    Mi atención se centró más en la bajista, que tenía pecas y una espesa melena de pelo rojo salvaje y parecía que olía a fresas. Más tarde esa noche, descubriría que en realidad olía más a naranjas. Pero me estoy adelantando.

***

    Veinte minutos más tarde estábamos de vuelta en el aire frío de la noche, pasando el rato frente al club. Adam y yo estábamos abrazados desesperadamente el uno al otro en busca de calor; afortunadamente había suficiente espacio en su chaqueta holgada para los dos. A Maggy no parecía importarle el frío; o más bien, no parecía darse cuenta. Se quedó en silencio fumando tabaco de clavo y soplando anillos de humo. Rio, entretanto, se dapreaba sobre su amigo el baterista, que se llamaba Stephen o Jason o Richard o algo así.

    "¿Y os gustó la puesta de escena?" preguntó Baterista mientras se alejaba de Rio el tiempo suficiente para tomar aire.

    "¡Fue la hostia!" declaró Rio. "¡Como un asalto frontal completo, un blitzkrieg de sonido que rasga la tela del mismo tiempo!" Sí, de hecho ella estaba completamente borracha hasta ese punto, pero así es como hablaba incluso en circunstancias normales.

    "Estuvo bien," agregó Adam encogiéndose de hombros. "Me recordáis a la era Sonic Youth de Kill-Yr-Idols mezclado con The Birthday Party."

    Los ojos de Baterista se posaron en mí.

    "Fuisteis muy ruidosos," intervine sin comprometerme.

    Una enorme sonrisa se extendió por sus labios mientras asentía triunfalmente con la cabeza. "Joder si lo fuimos."

    La puerta del club se abrió y la bajista salió para unirse a nosotros. “Todos, esta es Amanda. Amanda, todos," dijo Baterista.

    Amanda movió la mano en un único y amplio saludo para saludarnos a todos. "¿Huelo a clavo?" preguntó con un ligero pero notable acento sureño.

    Maggy asintió y le dio uno. Mientras ella lo encendía, tomé su distracción como una oportunidad para liberarme de la chaqueta de Adam y apartarlo, luciendo lo más desapegada y disponible posible. Eché un vistazo a una de las ventanas del club para ver mi reflejo, recordé que tenía puesta la glamorosa y tonta blusa de Rio, y solté entre dientes un torrente de maldiciones.

    Amanda me miró con sorpresa. "¿Disculpa?"

    "No le hagas caso," intervino Rio. "Tourette."

    Amanda exhaló una nube de humo en una medio exhalación, medio carcajada, dejando que su mirada permaneciera fija en la mía el tiempo suficiente para llenar mi cabeza con todo tipo de nociones tontas.

    "¿Vais a ir a ese rollo esta noche?" le preguntó Amanda a Baterista.

    Rio se animó. "¿Qué rollo?"

    "Hoguera en la playa," explicó él. "Unas treinta o cuarenta personas, un bonito lugar apartado. ¿Queréis venir?"

    Rio me lanzó una mirada inquisitiva. “Claro,” dije.

    Baterista sonrió. "Y dijiste que puedes conectar un poco de cristal, ¿verdad?"

    Rio asintió. "Mi hermana tiene una conexión."

    Maggy pareció un poco sorprendida, pero luego asintió. "Tomará un poco de tiempo, pero puedo conseguirlo."

    Rio cantó: "Los narcóticos fluirán como el vino mientras brindamos por el fin del mundo."

    Baterista sonrió ante su arrebato como un buen pájaro. “Genial, nos veremos allí. Pero será mejor que os deis prisa, la cuenta atrás comienza en dos horas."

***

    "Toda esta charla sobre el fin del mundo es una mierda," dijo Adam desplomado en el asiento trasero del Camry de Maggy. "Todo el mundo sabe que el mundo se va a acabar en el 2012."

    Rio dejó escapar una burla de disgusto y puso los ojos en blanco. "¿Por qué siempre tienes que adoptar el punto de vista más estúpido en cada argumento?"

    Maggy encendió el estéreo, que sonó a todo volumen con I Don't Like the Drugs de Marilyn Manson para ahogar el debate que se estaba gestando.

    Adam se deslizó las gafas hasta la punta de la nariz y miró a Rio por encima de los gruesos bordes negros. "¿Estás diciendo que te comprometes seriamente con esto del Año 2K?"

    "Sí," proclamó desafiante. “En cuanto la tenaza de hierro dé las doce y caiga la enorme bola centelleante de Dick Clark, todas las piezas de tecnología del mundo petarán simultáneamente. Pero en sus últimos momentos, se volverán conscientes de sí mismos y renacerán como la mente total del Cristo Borg, levantándose en armas contra sus débiles y patéticos señores supremos de carne, convirtiéndonos en Duracells y sumergiendo al mundo en una segunda oscuridad de neoparadoja cartesiana hiperescéptica. Tecnologito ergo sum. Estoy en línea, luego existo."

    "¿Tíos, queréis parar un rato?" Gemí cuando las náuseas comenzaron a regresar. Sentía la piel fría y húmeda, y sudaba como loca a pesar de estar congelada.

    "¿Estás bien? No tienes buena cara," me preguntó Adam.

    “Estaré bien,” dije mientras me tumbaba y descansaba ls cabeza en su regazo. "Solo necesito un momento de tranquilidad, dar a mis oídos la oportunidad de dejar de pitar."

    Maggy bajó el estéreo y Adam pasó suavemente los dedos por mi cabello mientras los cuatro nos quedamos en silencio durante dos o tres minutos. Lo cual, para ser justos, fue un período de tiempo impresionante para Rio.

    "¡Provisiones!" gritó ella finalmente cuando ya no pudo aguantar más. “Debemos estar preparados para recibir el apocalipsis que se avecina. ¡Cerveza! ¡Bebida alcohólica! ¡Aperitivos! ¡Profilácticos!"

    "Me vendría bien algo de comer," coincidió Adam. "Y tal vez ayude a Jessie a sentirse mejor si se mete algo en el interior."

    Rio resopló ante su doble sentido accidental. "Sí, como el puño de Amanda."

    "No seas grosero," le dije y pateé el respaldo de su asiento.

    Maggy se detuvo frente a una licorería. "Está bien, pero casi no tenemos suficiente dinero para cubrir la cerveza."

    “No te preocupes, Adam puede usar su ingenio y astucia para conseguir el resto de nuestras provisiones," dijo Rio. “Lo único que necesita es alguien que cree una distracción. Ojalá conociéramos a alguien que pudiera lograrlo con la cantidad adecuada de estilo y garbo."

***

    "¡Quiero obscenidades!" declaró Rio mientras los dos entramos a la licorería. "Grandes montones de obscenidades." Hizo una línea recta para los dos expositores de madera de pornografía que guardaban junto a la caja registradora.

    "¿Te gusta el porno?" le preguntó al asombrado empleado veinteañero y libanés. "Estoy segura de que sí. Pareces de esos que se la machaca un montón. Yo también, nunca puedo tener suficiente."

    Comenzó a hojear los DVD, leyendo los títulos de cualquier cosa que le llamara la atención. “Enfermeras de Látex. Mamás de Fútbol Amordazadas y Atadas. Oh, Jess, a ti puede que te guste este: Lesbos que se Lamen Los Pies."

    Negué con la cabeza e hice contacto visual con el empleado, encogiéndome de hombros a modo de disculpa. Él solo se rió.

    “Ooh, Ninfovampiras Adoran Chupar. Eso suena artístico."

    Miré hacia la puerta principal y vi entrar a Adam. Comenzó a deambular por los pasillos sin pretensiones, lo que no merecía más que una mirada de fracción de segundo por parte del empleado, cuya atención estaba comprensiblemente monopolizada por Rio.

    "Vamos, no tenemos tiempo para esto," me quejé. "Pensé que solo íbamos a pillar un poco de cerveza y salir de aquí."

    "Pues ve a por ella," respondió Rio. "Yo estoy ocupada."

    Me tomé mi tiempo deambulando hasta el refrigerador de cerveza en el otro extremo de la tienda. En parte, esto era para darle tiempo a Adam para trabajar, pero también porque mi visión se estaba volviendo borrosa por trazadores que lo desvanecían todo, y estaba preocupada de empezar a vomitar de nuevo si me movía demasiado rápido. Cuando extendí una mano para estabilizarme en un estante de patatas fritas, escuché a Rio preguntarle al empleado: "Entonces, ¿qué me recomiendas?"

    "Bueno, veamos," respondió él mientras se movía para mirar los videos con Rio.

    Me tomé mi tiempo para revisar la selección de cervezas, haciendo la pantomima como si estuviera tratando de tomar una decisión. Mientras tanto, miré por el rabillo del ojo mientras Adam se llenaba subrepticiamente el abrigo.

    “Este es bueno, y este también," oí aconsejar al empleado. "Esre está bien, pero si quieres saber mi favorito, entonces... a ver si lo encuentro."

    Finalmente, agarré dos pacs de PBR y los llevé al frente, consciente de que estaba literalmente empapada en sudor. Cuando los dejé en el mostrador, escuché a Rio gritar alegremente: “¿La Princesita de Papá? ¡Sabía que eras un fri-quii!" Alargó la última palabra de una manera divertida y cantada, alargándola tres o cuatro sílabas más de lo que tenía derecho a ser.

    El empleado se deslizó detrás del mostrador y me cobró por la cerveza. Me sequé el sudor de la frente con la parte inferior de mi camiseta y luego dejé un par de billetes y mi identificación falsa.

    "Pilla también un paquete de gomas," dijo Rio mientras se unía a nosotros." Magnums. Soy optimista," agregó con un guiño al empleado.

    "Está bien, pero no tenemos suficiente para las guarradas," dije, tratando de no mirar cómo se escabullía Adam fuera de la tienda.

    "Ohhh," se quejó Rio e hizo una mueca.

    "Te pido perdón por ella," le dije al empleado mientras negaba con la cabeza con pesar. "No puedo llevarla a ningún lado."

    "No te preocupes," respondió él con una sonrisa. "De todos modos me estaba muriendo de aburrimiento antes de que entrarais."

    Recogió los billetes y ni siquiera se molestó en mirar mi carnet. Entonces Rio deslizó los condones en el bolso, yo agarré los dos pacs de cerveza y nos pusimos en camino.

    Cuando regresamos al coche, Adam estaba ocupado vaciando la chaqueta de dos bolsas de patatas fritas, un poco de carne seca, nueces de maíz, una variedad de barras de chocolate, dos litros de Dr. Pepper y bolsitas de botellitas de licor tamaño avión.

    Lo que pasaba con Adam era que se camuflaba perfectamente con el entorno en cualquier situación. Era como su poder mutante. Eso apestaba para él, ya que lo llevaba a ser crónicamente ignorado por las chicas, los camareros y cualquier otra persona a la que quisiera llamar la atención. Pero era genial para cualquiera lo bastante despiadado como para explotarlo. Lo cual, como sus amigos más cercanos y queridos, hacíamos.

    "Buen botí.," dijo Rio mientras le despeinaba el pelo y agarraba un botellín de Jose Cuervo.

    "Toma, come algo," me indicó Adam y me abrió una barra de energía. Comí amablemente la mitad antes de sentirme tan mareada que no pude bajar más sin ahogarme.

    "Creo que solo necesito descansar," murmuré y apoyé la cabeza en la ventana.

***

    Cuando desperté aún estaba desplomada en el asiento trasero del Camry, pero Adam se había ido. Rio también. Estaba solo con Maggy, quien estaba sacando el coche de la autopista justo cuando una canción de PJ Harvey comenzaba a sonar en la radio.

    "¿Donde está todo el mundo?" Pregunté aturdida y desorientada.

    “Los dejé en la playa. También te habría dejado a ti, pero no pudimos despertarte por nada."

    "¿Y adónde vamos?"

    "A pillar el cristal."

    "Oh."

    Nos quedamos en silencio mientras el Camry recorría las calles secundarias de una ruinosa zona residencial. Noté con cierto alivio que mi dolor de cabeza había desaparecido y que mis náuseas habían disminuido a un nivel soportable. Supongo que el descanso era lo que había necesitado.

    Maggy se detuvo frente a un dúplex de planta única y apagó el motor. Empecé a abrir la puerta, pero ella me detuvo. "No, tú esperas aquí."

    "Hace mucho frío aquí," me quejé. "¿Por qué no puedo entrar contigo?"

    "No," repitió ella con firmeza. Me sorprendió un poco la severidad en su voz. "Mira, te dejo la música puesta. Quédate en el coche."

    La vi salir y rodear la parte trasera del dúplex. Cuando desapareció de la vista, me recosté y me estiré a lo largo del asiento trasero, un poco enfurruñada. A veces me preocupaba que, a pesar de que ella era solo un año mayor que nosotros, Maggy pensaba en mí y en Rio como niños. A veces me ponía enferma s mí misma pensar en lo mucho que me importaba ganarme su aprobación.

    Decidí pensar en otra cosa, así que traté de recordar el sueño que había tenido mientras estuve desmayaba. Estaba de pie en la cima de una colina cubierta de pasto amarillo seco. A veces había un montón de gente conmigo, como en una fiesta, y otras veces no, ya sabes que los sueños pueden fluctuar de esa manera. Mercurial es la palabra que Rio había usado para describirlo antes, y eso me gustó.

    Todos estaban reunidos en la colina para mirar hacia el cielo, como si estuviéramos esperando ver algo o que sucediera algo. Sin embargo, yo no estaba segura de qué.

    En algún momento, una mujer se acercó a hablar conmigo. Parecía unos diez años mayor que yo y vestía una chaqueta morada de terciopelo aplastado y vaqueros negros. Su cabello estaba cortado en una melena hasta la barbilla y era de un color marrón hámster, como solía ser el mío antes de que empezara a teñirlo. Además, llevaba una gargantilla negra con una arañita plateada colgando. Es curioso los detalles de los sueños que se te quedan.

    "¿Qué está esperando todo el mundo?" le pregunte a ella.

    "El fin del mundo."

    Cuando me habló, me sentí mareada y comencé a caer. Pero en lugar de caer por la colina, estaba subiendo, cayendo havia el cielo.

    "Probablemente deberías ir a que te miraran eso," me dijo la mujer mientras yo desaparecía entre las estrellas.

    Ahí fue cuando me desperté.

    "Los sueños son jodidamente estúpidos," murmuré para mí misma y me retorcí en el asiento, tratando de encontrar una posición cómoda para acostarme. Finalmente, me di por vencida, me senté erguida de nuevo y me rasqué la pierna derecha por encima de los vaqueros.

    Al mirar el reloj del salpicadero noté que Maggy se había ido desde hacía unos 25 minutos. Me pregunté por qué estaba tardando tanto.

    Unos minutos después, Maggy regresó al coche, con la ropa desaliñada y el lápiz labial manchado. Ella no dijo nada, solo sacó su pipa de vidrio, sacudió una pizca de cristalitos blancos en el cuenco y encendió el mechero. Después de guardar la pipa, comenzó a pulsar con enojo los botones de la radio, pasando rápidamente por las emisoras. Finalmente, mientras dejaba escapar un suspiro de frustración, encajó una cinta en el cassete. Un par de segundos después, empezó a sonar Oh L'amour de Erasure.

    Me quedé sentada estúpidamente, mirándola a los ojos a través del espejo retrovisor y sin decir nada.

***

    Cuando llevé a Rio a un lado y le expliqué lo que había sucedido, ella simplemente puso los ojos en blanco con desdén. “Dios, no seas tan ingenua. Ella nunca tiene dinero, no tiene trabajo y, sin embargo, logra un hábito de metanfetamina que haría sonrojar a Courtney Love. ¿Qué pensabas que estaba pasando?" Giró para caminar de vuelta hacia la multitud reunida alrededor de la hoguera.

    Mi boca se abrió con justa indignación. "¿Cómo puedes ser tan frío al respecto?"

    Rio se giró bruscamente y soltó: "Lo que mi hermana haga con su vida no es de mi incumbencia, y ciertamente no es de la tuya."

    En ese momento, me di cuenta de algo fundamental sobre Río que me avergonzó un poco no haber descubierto antes. La insensibilidad no era solo una afectación, una forma de jugar con el arquetipo de drag queen que había adquirido en sus viajes a la City. Para Rio, ser insensible era una cuestión de supervivencia. Me la imaginé como un colegial de barrio de trece años con delineador de ojos al que estampaban contra una taquilla y le salía sangre por la nariz rota. Yo había oído esas historias a través de Maggy antes, pero supongo que mi propio origen de clase media sólidamente liberal nunca había permitido que todo su peso calara. Que no me importara una mierda era la única forma en que alguien como Rio podía existir.

    Es que me molesta que ella pueda ser tan jodidamente buena en eso, pensé mientras la veía envolver con los brazos el cuello de Baterista y chuparle el lóbulo de la oreja.

    "¡Diez minutos!" Oí gritar una voz.

    Me reincorporé al grupo y acepté la lata de PBR que Adam me pasó. "¿Te sientes mejor?" preguntó.

    "Viviré," asentí.

    Maggy estaba pasando su pipa a algunos miembros selectos del grupo, riendo y charlando informalmente, las drogas la habían aflojado. Se había vuelto a aplicar el lápiz labial y se había arreglado la ropa, luciendo tan genial y por encima de todo como siempre.

    Me pulí la cerveza rápidamente, sin importarme si me hacía sentir más mareada o no. Intenté mantener una conversación con Adam, pero no podía mantener mi mente concentrada en lo que estaba diciendo. Esta no dejaba de divagar.

    "¡Cinco minutos!" exclamó de nuevo la voz no identificada.

    Necesitaba un poco de espacio, así que caminé hasta la orilla del agua y me quité los zapatos, dejando que la marea me bañara los pies descalzos y disfrutando de la sensación de arena húmeda entre los dedos.

    "Ey," dijo una voz. "Ey, Jessica." Mi nombre recibió un énfasis extraño, una nota de incertidumbre, como si fuera una pregunta, como si la oradora pensara que era correcto, pero no estuviera muy segura.

    Me di la vuelta y vi un grupito de personas sentadas en la arena a unos diez metros de mí. Una de ellos me estaba haciendo señas para que me acercara y me uniera a ellos. Era Amanda.

    Me acerqué y me senté a su lado. Estaban pasando un porro.

    "¿Fumas?" Preguntó Amanda.

    “A veces," respondí.

    "¿Alguna vez has disparado con escopeta antes?"

    Negué con la cabeza y le lancé una mirada inquisitiva. Una sonrisa traviesa se extendió por su rostro mientras ella tomaba el porro y daba una calada. Mientras aún sostenía el humo en los pulmones, se inclinó y selló mis labios con los suyos y me sopló el humo en la boca. Yo aspiré profundamente, dejando que mis labios permanecieran sobre los de ella, chupando suavemente su labio inferior antes de inclinarme hacia atrás y exhalar.

    Naranjas... ella olía a naranjas.

    "¡Un minuto!"

    Nos levantamos y nos reunimos con el grupo principal alrededor de la hoguera. Serpenteé entre la multitud y me acurruqué junto a Adam. Entonces miré por encima del hombro y me di cuenta de que Amanda me había seguido.

    Envalentonada por la cerveza, la marihuana y las náuseas, le pregunté: "¿Has elegido a alguien para tu beso de medianoche?"

    Ella sonrió y asintió.

    La multitud hizo una cuenta regresiva al unísono.

    La medianoche vino y se fue.

    Amanda y yo nos besamos.

    El mundo no se acabó.

    Reluctante, aparté los labios de los de Amanda. Abrí la boca para hablar, pero no se me ocurrió nada, así que solo sonreí. Ella me abrazó con más fuerza y ​​apoyó la cabeza en mi hombro.

    Alcé la vista y vi a Maggy mirándome desde el otro lado de la hoguera, disparándome dagas con los ojos.

***

    Me desperté justo cuando amanecía y me encontré acostada de espaldas en la arena. Al sentarme vi que la hoguera estaba apagada y la mayoría de los juerguistas se habían marchado, aunque yo no era la única rezagada.

    Después de lograr ponerme de pie por fin, vi el Camry de Maggy y comencé a acercarme tambaleante. La misma Maggy estaba sentada sobre el capó, sola, con las rodillas flexionadas y apretadas contra el pecho.

    "¿Dónde están todos los demás?"

    Ella dijo: "Rio se fue hace un par de horas con Dennis..."

    Eso es, ¡Dennis!

    .".. y no tengo idea de lo que ha sido de Adam."

    "Quizá deberíamos preocuparnos por eso," respondí inclinándome hacia adelante para rascarme la pierna derecha por encima de los vaqueros. “Pero estoy demasiado jodidamente exhausta en este momento. Podré preocuparme de eso mejor después de dormir un poco."

    Maggy asintió distraídamente, con los ojos bajos, mirándome la mano.

    "¿Qué pasa?" Le pregunté.

    "Nada," dijo negando con la cabeza antes de entrar y poner en marcha el motor. Miré hacia abajo y vi el número de teléfono de Amanda escrito con rotulador en mi palma.

    Hicimos el viaje de regreso a la ciudad sin decirnos más que unas pocas palabras perdidas. Yo estaba más que nada escuchando la cinta de mezclas de Maggy en el estéreo y recordando fragmentos de anoche.

    "No tienes buena pinta," me dijo finalmente.

    "Jolín, gracias."

    “No, quiero decir que estás muy pálida. ¿Estás segura de que estás bien?"

    Negué con la cabeza. "Aún me siento muy fuera de mí y tengo un pulsante dolor de cabeza."

    “Rio lleva aspirinas si quieres. Su bolso está debajo de tu asiento."

    Me agaché y lo encontré después de pescar un poco. Al examinar su contenido, noté con diversión que faltaban los condones que había comprado en la licorería. Por desgracia, también las aspirinas. Revisé el bolsillo delantero para ver si tal vez estaban allí. Pero en cuanto lo abrí, solté una carcajada de sorpresa.

    "¡Ja! Qué jodida perra. Después de todo el cachondeo, se la metió en el bolso. ¡No puedo creerlo!"

    "¿De qué estás balbuceando?" Preguntó Maggy.

    “Mira lo que robó de la licorería," dije y le mostré la película porno de La Princesita de Papá de Rio.

    Tan pronto como Maggy lo vio, su rostro decayó.

    En ese momento, me di cuenta de que había algo fundamental sobre Magdalena que me avergonzaba un poco no haber descubierto antes.

    De repente oí un fuerte estruendo y sentí de inmediato que el coche giraba hacia la derecha, precipitándose hacia el arcén de la autopista.

    Salimos del Camry para inspeccionar lo que había ocurrido y encontramos reventada la llanta delantera derecha.

    Maggy empezó a hurgar en su bolso. Yo di la vuelta para buscar una rueda de repuesto en el maletero, pero no había ninguna. Para cuando regresé a la parte delantera del coche, ella había encontrado su pipa de vidrio y una vacía bolsa de plástico que en algún momento había contenido una cantidad considerable de drogas.

    Fue entonces cuando Maggy perdió la cabeza.

    "¡Joder joder joder joder joder joder joder joder joder joder!"

    Chilló a todo pulmón mientras daba patadas al coche como loca. Cuando por fin se le agotó el vapor, colapsó en el suelo y se mesó el pelo, tirando de él en dos grandes puñados.

    Me ofrecí a llamar a mi papá para que viniera con una grúa, pero Maggy no respondió. Después de esperar a que ella dijera algo, cualquier cosa, durante cinco minutos, anuncié que iba a buscar un teléfono público. Ella siguió sentada allí en silencio, casi catatónica.

***

    Habíamos tenido un reventón en la parte superior del paso elevado sobre la Autopista 85, por lo que la caminata hasta la estación de servicio más cercana no estuvo tan mal. La caminata de regreso cuesta arriba fue otra historia, especialmente porque yo no estaba muy por la labor para empezar. Cuando regresé al Camry, estaba sudando a cántaros, jadeando y tan mareada que apenas podía ver.

    Maggy estaba sentada en lo alto del parapeto, en el borde del paso elevado, con los pies colgando libremente sobre el tráfico de abajo.

    Me senté de un bote junto a ella, mirando en la dirección opuesta hacia su coche. Yo aún estaba mareada y desequilibrada, y por un segundo me preocupé de que pudiera volcarme hacia atrás y caer por un lado, pero pude estabilizarme.

    "Mi papá está en camino," dije tratando de recuperar el aliento. "Debería tardar unos veinte minutos."

    Ella no dijo nada ni hizo ningún movimiento para siquiera reconocer mi presencia.

    “Ah, y para tu información, el mundo no terminó a medianoche. Todo ese asunto del Año 2K, no pasó nada."

    Los labios de Maggy se curvaron en una media sonrisa amarga, y dejó escapar un par de risitas contenidas. "Así que supongo que anoche fue una gran decepción para todos."

    "¿Qué quieres decir?" Pregunté, aún me daba vueltas la cabeza.

    Se volvió para mirarme, su rostro dejaba trazadores a su paso mientras se movía. “En realidad no pasó nada en esta historia," explicó.

    Apoyó los pies en el parapeto y lo usó para lanzarse hacia adelante, haciendo un perfecto salto en cisne desde el paso elevado. Miré por el costado y la vi zambullirse entre el tráfico que se aproximaba. El asfalto negro se volvió líquido mientras ella atravesaba con gracia la superficie, sin apenas salpicar. Las ondas tardaron unos minutos en desaparecer hasta que la superficie finalmente se volvió a nivelar. Los coches seguían pasando velozmente en ambas direcciones, sin prestar atención a nada de eso.

    Mi pierna derecha comenzó a picarme de nuevo, así que la lanzé sobre el parapeto y me la rasqué por encima de los vaqueros. Entonces una imagen destelló en mi cabeza, un recuerdo de anoche, de una mujer que llevaba una gargantilla con una araña plateada. Me remangué los vaqueros y vi la roncha inflamada rodeada de una gran erupción circular, como una gran diana roja.

    "Mierda, probablemente debería ir a que me miraran esto."

    Nada en esta historia pasó en realidad.

FIN

5. Película Casera

(Home Movie)

    Yo estaba sujetando en la mano un pene de treinta y dos centímetros cuando todo comenzó.

    La campana digitalizada sonó para decirme que un cliente había entrado en la tienda. Dejé la polla de goma gigante en el estante y miré por encima del hombro para ver a Kathy y Kevin Wertham entrando. Eran una pareja de mediana edad que se contaba entre nuestros mejores clientes habituales: gente maja, tal vez blancos un poco palurdos, pero siempre amigables.

    "Hola, chicos," grité. "Dejad que termine de desempacar estas cosas y estaré con vosotros." Me agaché para sacar otro montón de juguetes sexuales de la caja de cartón en el suelo.

    "Hola, Marie," dijo Kevin mientras ambos caminaban hacia el pasillo en el que yo estaba. Levanté la vista justo a tiempo para pillarle mirándome mientras estaba inclinads. Siempre me sorprendía que, a pesar de toda la desnudez pegada por todas partes en la tienda, los tíos aún pudieran excitarse con un pequeño escote.

    Aunque eso en realidad no me molestaba. Como una mujer de diecinueve años razonablemente atractiva que trabaja en una tienda de obscenidades, no puedes perder la forma cada vez que un hombre echa una mirada. Para ser honesta, me gustaba de una manera lúdica y exhibicionista, siempre y cuando los tíos no fueran demasiado sarcásticos con sus miradas lascivas.

    "Tienes que hablar con ese tipo que trabaja aquí por la noche," dijo Kathy interponiéndose entre su esposo y yo. "Ese video que nos recomendó es seriamente jodido."

    "¿Quién, Steve?" Pregunté sintiendo un nudo en el estómago.

    "Sí, Steve," respondió Kathy, arrastrando el nombre y sonriendo con sólo la mitad de la boca, una especie de sonrisa de «¿puedes creerlo?». "Algo no va bien con ese chico."

    Steve era uno de los empleados del turno de noche: un hombre quemado de treinta y tres años y obsesionado por un ininteligible death metal escandinavo, las películas ultra sangrientas y el porno duro fetichista/bondage. Aceptó el trabajo aquí después de ser despedido de su último empleo en un 7-11 porque esto fue lo único que podía conseguir donde todo su turno comenzara y terminara entre el atardecer y el amanecer. Nadie lo había visto nunca a la luz del sol; era muy posible que fuera un vampiro, y no el vampiro sexy y angustiado de los pósters que tienen las chicas de trece años. Me refiero a Nosferatu.

    Yo no podía ni imaginar a qué tipo de video retorcido de enanos amputados había sometido él a estas simpáticas personas temerosas de Dios.

    "¿Cuál os dio?"

    "Este," dijo Kevin y me entregó la caja que rezaba: Cherry Popper y La Tranca Filosofal..

    "¿Es este?" Dije un poco confundida. "Este es uno de nuestros videos más populares. ¿De verdad os pareció tan malo?"

    Cherry Popper era el último lanzamiento protagonizado por Jenny Jonestown, una de las estrellas más grandes del negocio, que poco a poco se estaba alejando del porno y tratando de entrar en la corriente principal. Sus memorias estaban en la lista de los bestsellers y ella incluso estaba presentando su propia línea de moda y ropa para una cadena nacional de grandes almacenes. Como resultado, la mayoría de sus películas tendían a ser bastante mansas por deferencia a las delicadas sensibilidades del mundo heterosexual. Su nueva película no parecía ser el tipo de cosas como para haberlos asustado tanto.

    "Es bastante retorcido," Kevin asomó la cabeza por detrás de Karen e intervino.

    Me encogí de hombros. "Lamento que no os haya gustado. Tal vez pueda ayudaros a encontrar algo un poco más de vuestro paladar."

    Una de las cosas que me encanta de mi trabajo es ayudar a las personas a encontrar productos que los unan como pareja. Estoy segura de que suena ridículo, como si me estuviera agarrando a las pajas para justificar un trabajo que la mayoría de la gente consideraría desagradable o incluso degradante. Pero a mi modo de ver, la monogamia es jodidamente difícil, ir a la cama con la misma persona todas las noches es tedioso, y si hay un video, un juguete, un atuendo o lo que sea que pueda ayudarte a mantener tu vida amorosa fresca y emocionante, entonces creo eso es algo perfectamente saludable.

    Así, después de unos minutos, ayudé a los Wertham a elegir otro video y los envié felizmente por su camino, luego revisé el anterior. Abrí la caja para asegurarme de que el disco correcto estaba allí, pero para mi sorpresa, había un DVD-R dentro en lugar de un DVD normal impreso de fábrica.

    Me picó la curiosidad, cargué el DVD en el reproductor de la tienda que usamos para mostrar los nuevos lanzamientos. La imagen que apareció en el televisor de pared era una imagen borrosa y pixelada de una mujer joven de pie en un dormitorio. Parecía tener más o menos mi edad, hermosa de una manera genérica, del tipo hermandad de chicas, con el pelo largo y rubio recogido en una coleta y vestida con una camiseta de la City College y pantalones cortos caqui.

    La cámara se sacudía erráticamente cuando la mujer cayó de rodillas y comenzó a tirar de la cremallera del camarógrafo, dejando que su pálido, incircunciso pene saliera. Ella procedió a darle una poco inspirada y pedestre mamada, manteniendo los ojos hacia arriba para mirar a la lente de la cámara mientras la banda sonora se llenaba de fuertes gruñidos y gemidos del camara.

    La hostia, pensé partiéndome la caja. Esta es la película casera de alguien.

    Me pregunté cuál habría sido el problema de Kevin y Karen. Vale, no era muy excitante, pero ciertamente yo no iría tan lejos como para llamarlo retorcido.

    Luego me pregunté si Steve sabía que era el disco equivocado cuando lo alquiló. Parecía el tipo de cosas que a él le parecerían graciosas, y es bastante común que los clientes devuelvan un DVD sin darse cuenta de que se olvidan de volver a poner los discos en la caja o de que ponen el disco equivocado. Una vez vi que un chico había metido inadvertidamente la copia de Toy Story de su hijo en el estuche de Chicas Follando Cabras 7. No podía ni imaginar qué tipo de severa maldad le iba a caer la próxima vez que su esposa decidiera ganarse un par de horas de silencio colocando al niño frente a su película favorita.

    Entretanto, la pareja en la pantalla se había acercado a la cama y había puesto la cámara en la mesita de noche. Ambos estaban desnudos ahora, con el hombre encima, embistiéndose furiosamente dentro de ella. Pude ver que él estaba en buena forma, con un cuerpo tonificado y musculoso, pero su cabeza estaba fuera de la parte superior del marco.

    De pronto, él movió las manos hacia su cuello y le envolvió con fuerza la garganta con los dedos. Debido al ángulo, la expresión de la cara de la chica no era visible, pero se podía ver claramente que ella comenzaba a luchar bajo el peso, moviendo frenéticamente la cabeza de lado a lado. Él mantenía el agarre firmemente bloqueado en su sitio mientras seguía embistiendo. Su gruñido se hacía cada vez más alto hasta que finalmente alcanzó el clímax, su cuerpo se sacudía violentamente mientras él dejaba escapar un rugido inhumano. Por fin soltó la mano del cuello, satisfecho de que ella había dejado de luchar hacía mucho tiempo, el cuerpo inmóvil yacía inerte debajo de él.

    El video se cortó y la pantalla del televisor se puso azul.

***

    Vi como la pastosa y aceitosa jeta de Steve se volvía azul con el brillo de la pantalla al terminar de ver el video.

    "Jesús, eso es jodida seria," dijo.

    "Por favor, dime que no sabías lo que había en ese disco cuando se lo diste a Kevin y Karen," supliqué.

    Él negó con la cabeza. "Te juro que no lo sabía." Yo dejé escapar un suspiro de alivio tan fuerte que en realidad me sentí un poco avergonzada al oírlo. Steve no reaccionó ante mí, en su lugar mantenía los ojos fijos con asombro en la pantalla azul mientras agregaba: "¿Crees que es real?"

    "¿Qué quieres decir?"

    "¿La mató de verdad o crees que es solo un engaño?"

    "A mí me pareció bastante real," respondí.

    "Sí, pero ¿de verdad crees que alguien pondría accidentalmente algo así en el estuche de un DVD de alquiler?"

    "Tal vez," dije. "O podría haberlo puesto a propósito. Quiero decir, cualquiera que asesina a una chica durante el sexo y lo filma, posiblemente está lo bastante jodido de la cabeza como para dejarse llevar por la idea de que otras personas lo vean, ¿no?"

    "Supongo," concedió Steve.

    "En cualquier caso, tenemos que llevarlo a la policía," continué. "Quiero decir, sea un engaño o no, deberían ser ellos los que lo averigüen, no nosotros."

    Steve coincidió y llamamos a la policía para informarles de lo que habíamos encontrado. Enviaron a un par de oficiales esa noche para recoger el video, y luego, al día siguiente, un detective vino con una orden judicial para ver nuestros registros de quién había alquilado la película. Dejó su tarjeta en caso de que apareciera otro video como ese o descubrieramos cualquier otra información que pudiera ser útil. Eso fue lo último que supe de ello hasta una semana después.

    Yo estaba en la tienda, hojeando el periódico durante un prolongado descanso, cuando llegué a la sección de obituarios y vi la foto de la mujer del video. Era una foto del anuario de último año con toga y birrete, por lo que ella se veía un poco más joven y mucho más maquillada, pero era inconfundiblemente ella. En cuanto la vi, sentí un escalofrío encima, como si se me enfriara la sangre en las venas. Su imagen parecía saltar de la página hipnóticamente, mi mirada se clavó en ella como en una visión de túnel, como si no hubiera nada más en el mundo en ese momento más que yo y esa foto.

    Finalmente, noté que me había olvidado hasta de respirar y salí bruscamente del trance. Comencé a leer el obituario, el cual decía que ella se llamaba Sarah Lincoln y tenía diecinueve años, mi edad. No explicaba cómo había muerto, pero sí daba los detalles sobre un servicio funerario esa noche.

    No estuve segura de por qué, pero en cuanto dejé el periódico, llamé a Steve. Simplemente necesitaba hablar con alguien y él parecía la persona más probable de entenderlo, por muy inesperado (y escalofriante) que fuera.

    "¿Vas a ir?" me preguntó después de que yo terminara de explicarlo.

    "No sé, tal vez," dije sin comprometerme, a pesar de que ya había decidido que lo haría.

    "¿Por qué?"

    "No puedo explicarlo. Simplemente no he podido dejar de pensar en ese video desde que lo vi. Incluso sueño con él Tal vez si voy al servicio y averiguo qué le pasó, me dará algún tipo de clausura."

    "Sí, claro, eso tiene perfecto sentido," murmuró. Después de una breve pausa, agregó, "Psi-co," encadenando la palabra con un tono de voz agudo y cantarín.

    Gruñí y espeté, "No sé por qué pensaba que podía hablar contigo."

    Él soltó una risita. "Mira, lo capto. Créeme, friqui de la metanfetamina en recuperación aquí, sé un par de cosas sobre la obsesión. Me parece que ir a ese velatorio podría empeorarte las cosas, no mejorarlas..."

    Después de un poco de camelo, accedió a venir un par de horas antes para que yo pudiera pasarme por el servicio. Después de colgar, saqué del bolso la tarjeta de visita del detective y le llamé para verificar si habían descubierto algo sobre el video.

    "Normalmente no damos esa clase de información," dijo con una laboriosa respiración nasal, como si se estuviera concentrando en sacar el aire de la nariz con tanta fuerza como fuera posible. "Pero como puedo ver lo preocupado que estás, ya que fue uno de tus clientes quien grabó ese video y todo eso, supongo que no hay nada de malo en decirte que todo resultó ser falso."

    "¿Qué?" Pregunté con incredulidad. "Pero el obituario en el periódico de hoy es la misma chica. ¿Cómo puede ser falso?"

    "Mira, rastreamos a las personas que grabaron el video de vuestra lista de clientes y admitieron que era falso. Yo no sé nada sobre ningún obituario, pero obviamente no es la misma chica. Ahora, si no te importa, tengo mucho trabajo por hacer."

    La línea telefónica se cortó.

    Yo estaba indignada, pero decidí que trataría de averiguar más cosas sobre Sarah Lincoln antes de seguir adelante. Tal vez era una chica diferente, me dije en mi mente racional, aunque en el fondo de mi corazón no la creía.

    Saqué mi ordenador portátil y busqué su nombre en Google. El mayor impacto fue un artículo de hace dos días en el periódico local que decía que la encontraron encerrada en la camioneta de un automóvil abandonado estacionado en un descampado en el sector industrial. Su cuerpo aparentemente había estado allí durante al menos tres días; fue descubierta por el conductor de la grúa enviada a retirar el automóvil después del aviso de abandono.

    El artículo decía que la causa de la muerte fue estrangulamiento. El cuerpo también mostraba signos de agresión sexual. Sus padres, quienes la identificaron, dijeron que se había denunciado su desapareción a la policía cuando un día no regresó a casa después de clases. No había pistas sobre la identidad de su asesino, y el coche en el que fue encontrada había sido denunciado como robado semanas antes.

    Cuando terminé de leer el artículo, sentí náuseas. Empecé a hacer clic en algunos de los enlaces de Google y pronto las náuseas dieron paso a una profunda sensación de frustración e ira. No solo tenía ella mi edad, se había graduado el mismo año que yo en nuestro instituto rival al otro lado de la ciudad. Su página de MySpace tenía una foto de ella con una camiseta de Neutral Milk Hotel, mi banda favorita. Mi mejor amiga Danielle incluso figuraba como una de sus amigas. Ambas iban al City College y debían haber tenido una clase juntas.

    Me quedé sentada allí mirando la foto de Sarah en la pantalla y levanté la mano para frotarme el cuello. Me di cuenta de que, literalmente, estaba temblando de rabia.

***

    Me senté en la última fila del servicio y traté de pasar desapercibida mientras evaluaba a cada hombre que veía, tratando de averiguar cuál de ellos podría ser el asesino. Desafortunadamente, la mayoría de ellos podrían descartarse rápidamente. Los parientes varones de Sarah eran demasiado viejos o demasiado jóvenes. Su hermano mayor tenía la edad justa pero era demasiado larguirucho. Su novio era demasiado corpulento. Solo había un puñado de hombres jóvenes entre sus amigos y los taché a todos rápidamente: demasiado bajos, demasiado oscuros, demasiado feos.

    Salí de la iglesia sintiéndome tan frustrada como cuando entré. Al detenerme al pie de las escaleras para fumar, escuché un par de pasos que descendían detrás de mí, seguidos de una voz.

    "Disculpa, pero ¿podría pedirte uno de esos?" Me volví para ver al novio de pie detrás de mí, luciendo angustiado y cansado con su traje gastado y arrugado. "Dejé de fumar hace casi un año, pero me vendría bien uno esta noche."

    "Claro," dije sacando otro más del paquete blando.

    "Ah, me has salvado la vida," dijo agradecido mientras encendía el cigarrillo y daba una profunda y desesperada calada. "Soy Jason, por cierto."

    "Marie," le dije y le estreché la mano.

    "¿Y de qué conocías a Sarah?" preguntó en un tono de voz ligero del que solo quiere charlar un rato.

    "Tuve un par de clases con ella en el City College," mentí de manera convincente después de haber ensayado mi tapadera en el viaje en autobús. "No éramos muy cercanas, pero ella siempre me ayudaba en clase, así que sentí que debía venir."

    Él sonrió cálidamente, "Eso suena muy típico de Sarah. Siempre estaba ayudando a la gente, a veces compulsivamente."

    La pequeña charla se acabó rápidamente y pasamos los siguientes minutos terminando los cigarrillos en silencio. Después de aplastar la colilla bajo el tacón de mis Mary Janes, comencé a caminar calle abajo.

    "¡Ey!" Le oí gritar detrás de mí. Me volví para mirarlo de nuevo. "No entiendas esto del modo equivocado, pero si no estás ocupada, te agradecería mucho que me permitieras invitarte a una taza de café. No intento ligar contigo ni nada, es que no creo que pueda soportar estar solo en casa en este momento."

    Mi corazón casi se derrite. Pude ver por qué una bienhechora como Sarah se habría enamorado de él. Aunque él no era exactamente un rompecorazones, sacaba a la perfección ese lado de idiota indefenso.

    "Claro," dije con una recatada inclinación de cabeza. "Tampoco yo estoy de humor precisamente para estar sola en este momento."

    Salimos juntos por una calle al azar, sin estar muy seguros de hacia dónde nos dirigíamos, confiando en la ley de que si comienzas a caminar en una dirección determinada en cualquier área urbana, al final llegarás a un Starbucks.

    Cuatro manzanas más tarde, yo le estaba dando otro cigarrillo mientras nos acomodábamos en nuestra mesa verde bajo una sombrilla igualmente verde. Di un sorbo de mi triple moca sin grasa ni espuma mientras él divagaba sentimentalmente sobre Sarah, contando la historia de cómo se conocieron, siguiendo sobre la trayectoria que había tomado su relación y ahogándose cuando habló de los planes que habían trazado para su futuro juntos. Él había estado ahorrando para un anillo de compromiso, y se iban a casar en cuanto ella se graduara, al diablo con los préstamos estudiantiles. Luego les habría tomado un par de años establecerse en sus respectivas carreras y ahorrar un poco antes de establecerse y tener hijos.

    Soltó una autocrítica carcajada y miró hacia otro lado, tratando de ocultar las lágrimas que le brotaban de los ojos. "Sé que probablemente todo esto suena cursi y trillado."

    "Es bonito," dije inclinando la cabeza hacia un lado con simpatía.

    "La forma en que haces eso con la cabeza, la inclinas como un gato, Sarah solía hacer lo mismo," dijo con una sonrisa torcida y anhelante. "Me recuerdas a ella en algunos aspectos."

    Lo siguiente que supe fue que yo estaba de pie inclinada sobre la mesa con labios pegados a los suyos.

***

    "¿Y ahora estás saliendo con su novio?" preguntó Steve cuando terminé de contarle lo de la cafetería. Pasé por la tienda de camino a casa para informarle y me arrepentí rápidamente de esa decisión.

    "No fue una cita," dije con un desdeñoso gesto de la mano. "Solo estaba pasando el rato con él para ver si podía sacar algo de información."

    "¿Sacaste algo?"

    Extendí la mano y la meneé a un lado y otro como un balancín. "Ehh, un poquín." Le dije lo que habíamos hablado mientras habíamos estado tomando un café. Steve se burló mucho de eso, especialmente cuando llegué al detalle sobre los planes para el futuro. "Jesús, creo que estoy desarrollando caries de solo oír esto," gimió agarrándose un lado de la mandíbula.

    Sonreí, "Sí, lo sé. Este tipo es como la persona más dolorosamente sincera que he conocido. Al principio eso te parece dulce, pero después de un tiempo dices: Venga ya, dame algo real."

    "Eres consciente de que él está intentando follarte, ¿no?," respondió Steve. "Quiero decir, no quiero ser grosero ni nada, solo te lo digo."

    Bajé la mirada. "Es un tío sensible en una situación súper jodida. Solo necesita una amiga que le ayude a superarla."

    La mandíbula de Steve cayó. "Oh, Dios mío. Ya te lo has follado."

    "Eghh," hice una mueca intentando todo lo posible fingir indignación. "Eres tan... vulgar. Ni siquiera sé por qué hablo contigo."

    Él no respondió, aunque alzó una ceja con curiosidad, como Dwayne Johnson, la Roca. Yo estaba segura de que él había practicado el movimiento frente a un espejo cientos de veces.

    "Vale, sí, me lo follé. Pero no me juzgues."

    Steve asintió sabiamente y volvió su atención al video fetiche de cosquillas que tenía puesto. "¿Hiciste algo espeluznante, como pedirle que te llamara Sarah?"

    Fruncí el ceño y respondí con voz avergonzada: "Ahora mismo llevo sus bragas." Metí un dedo debajo de los vaqueros y levanté la cintura del tanga de encaje negro que llevaba puesto para que este asomara por encima de los pantalones.

    "Menuda clausura," se regodeó él.

    "Ya, lo que sea," dije con desdén. "Bueno, puesto que ya crees que estoy chiflada, ¿puedes hacerme un favor antes de que me vaya?"

    "¿Qué?"

    "Quiero que me imprimas ese informe que presentamos a la policía, el que mostraba quién alquiló Cherry Popper."

    Steve murmuró algo lo bastante alto para que yo lo escuchara, pero decidí ignorarlo de todos modos. Cuando se dio cuenta de la inutilidad de discutir, cedió y encendió la impresora.

    Esa noche me senté revisando la lista de clientes con los amigos de Sarah de MySpace, por la remota posibilidad de que hubiera una coincidencia, pero no tuve suerte. Luego se me ocurrió la idea de comprobar los amigos de los amigos y decidí empezar con Jason.

    "Jason Truman tiene 2958 amigos," leí en la pantalla. "Supongo que él sería un amigo en serie."

    Pensé que tendría más suerte si comenzaba con las personas que le habían dejado a Sarah mensajes recientemente y, para mi sorpresa, no me tomó mucho tiempo encontrar a alguien que estuviera en mi lista.

    Robert Washington.

    Hice clic en su perfil. Jason y él figuraban como alumnos del mismo instituto que Sarah, aunque se habían graduado un par de años antes. A juzgar por los mensajes que ambos les enviaban de un lado a otro, solían ser muy buenos amigos, pero ahora solo se reunían para alguna que otra sesión de borracheras y recuerdos.

    Hice clic para ver las fotos de su perfil. Había tomas de él escalando rocas, montando en bicicleta de montaña, haciendo senderismo, y más que unas pocas fotos de vanidad sin camisa en la playa. Definitivamente era una coincidencia física para el asesino, sin mencionar lo bastante vanidoso como para ser el tipo de tío que hace cintas sexuales personales.

    También tenía muchos videos de YouTube incrustados, todos basura inútil y autoindulgente. Como clips de él haciendo trucos (mal) en la bicicleta, clips de él tocando (mal) la batería y clips de él mostrando movimientos (sorprendentemente bien) de artes marciales. Mirando la definición suave y cincelada de su torso musculoso, sus macizos brazos y sus manos gruesas y poderosas, me imaginé el cuerpo encima de Sarah en el video. En mi mente, no había duda de que era el mismo hombre.

***

    Me levanté en la sala de estar de Jason desnuda de cintura para abajo, llevando solo mi sostén. Me había levantado para estirar las piernas y me había acercado a su estantería para husmear un poco mientras él yacía despatarrado en el sofá, desnudo entre dispersas cajas de comida tailandesa, viendo un episodio en DVR de Jon Stewart.

    Él tenía lo usual que encontrarías en la estantería de un veinteañero pseudointelectual: Noam Chomsky, Capital, Burroughs, Bukowski, un montón de DVD de Criterion Collection, un par de comics y algunos libros sobre budismo. Lo único que despertó mi interés de verdad fue una escultura de piedra modelada en la Venus de Willendorf, un pesado trozo de roca de medio metro de alto que representa a una gorda desnuda sin pies, en precario equilibrio en el estante superior.

    "Háblame de esto," exclamé desde el otro lado de la habitación.

    Jason se movió hasta adoptar algo aproximado a una posición vertical para ver de qué estaba yo hablando. "Ah, eso," dijo con desdén. "Eso es algo que hizo Sarah en la clase de arte. Nada especial."

    Me alejé de la estantería y volví al sofá, drapeándome sobre su regazo. Le levanté la polla de donde había estado flácida sobre su muslo, aún pegajosa por nuestra follada anterior. Él gimió ligeramente mientras se la meneaba para que volviera a la vida. La consciencia de Jason vagaba perezosamente entre el sueño, la televisión y su polla.

    Manteniendo una mano sobre él, pillé el control remoto con la otra, queriendo toda la atención de Jason para mí. Toqué un botón que creí que era el botón de apagado, y la pantalla se apagó momentáneamente, pero luego volvió a encenderse.

    "¿Qué coño?" Me quejé y probé con un botón diferente. Esta vez la televisión se mantuvo apagada, pero el audio salía por el altavoz. "Joder," gemí más fuerte y aplasté con enojo botones al azar.

    Jason me quitó el control remoto y pulsó unos botones con calma; todo se apagó por fin, pero el momento ya había muerto.

    Me hundí de nuevo en el sofá. Después de un breve silencio incómodo, le pregunté casualmente: "¿Conoce a alguien llamado Robert Washington?"

    "Sí," respondió un poco sorprendido. "Es amigo mío del instituto. ¿Por qué?"

    "Es uno de los clientes de la tienda en la que trabajo," dije tratando de mantener la mentira lo más simple y plausible posible. "Hablo con él de vez en cuando. Por casualidad le mencioné que fui al velatorio de Sarah y él dijo que la conocía."

    "¿En serio?" Preguntó Jason obviamente sorprendido. "No tenía ni idea de que se conocían. Quiero decir, Rob y yo ya no nos vemos mucho, así que no puedo pensar en cómo tuvieron la oportunidad de conocerse."

    Me encogí de hombros, indicando que quería dejar caer el tema, y ​​luego dejé caer mi cara en su regazo para enfatizar el argumento.

    Desafortunadamente, Jason no se distrajo tan fácilmente. "¿Te gustal?" demandó.

    Lo miré inquisitivamente, haciéndome la tonta. "¿Quién?"

    "Rob. ¿Por eso has preguntado por él?"

    "No," respondí. "Pensé que era una interesante coincidencia que valía la pena mencionar. Eso es todo."

    "Ah," dijo sin tener intención de dejar pasar el asunto. "Sabes, deliberadamente me aseguré de no estar cerca de ellos al mismo tiempo. Verás, Rob siempre ha tenido una reputación: jugador, mujeriego, como quieras llamarlo. Siempre podía conseguir a la chica que quisiera. Y, o sea, vamos, ya lo has visto. No es que no confiara en Sarah, es que... un tipo como yo con una novia más joven quien, si somos honestos, debería estar fuera de su liga. No puedo evitar preocuparme mucho a veces."

    "No quiero follarme a Rob," insistí levantándome para montarlo a horcajadas. "Y estoy segura de que no tenías nada de qué preocuparte por parte de Sarah. Ella era una chica inteligente, obviamente sabía lo que era bueno cuando lo veía."

    Jason se inclinó lentamente para besarme y yo encontré sus labios con los míos, luego lo sentí maniobrarme sobre su erección completamente revivida.

    Un par de minutos después, me di cuenta de que él casi estaba llegando mientras que yo no estaba ni cerca. Entonces me vino una idea a la mente, una que no podía ignorar, sin importar cuán irracional o fea me dijera que era. Cuanto más trataba de desterrarla de mi mente, más fuerte se volvía hasta que, finalmente, no pude aguantar más.

    Extendí la mano para agarrar una de las suyas, levantándola con cuidado desde mi cadera, luego me incliné hacia adelante para levantar esa mano hasta mi cuello. Él apartó la mano bruscamente, como si mi cuello hubiera estado ardiendo al tacto, y continuó bombeando como antes.

    Llegó y se durmió rápidamente, dejándome vestirme a la luz del tele mientras él roncaba en el sofá. Busqué dentro de los bolsillos de sus pantalones hasta encontrar su teléfono móvil, luego salí silenciosamente de su apartamento.

    Una vez fuera, busqué los contactos de Jason hasta asegurarme de que el número de Robert estaba grabado. Luego hice señas a un taxi y le pedí que me llevara a la dirección de Robert, que había sacado de la impresión del trabajo.

    El taxi me dejó y yo ocupé una mesa en el patio de la cafetería delante, donde podía ver claramente la entrada principal. Luego le envié a Robert un mensaje de texto desde el teléfono de Jason pidiendo que viniera a un bar llamado O'Malley's a solo unas manzanas de la casa de Jason, diciendo que había conocido a un par de universitarias calientes y que necesitaba a alguien que cuidara a su amiga.

    Un par de minutos después de enviar el mensaje de texto, sonó el teléfono. Era Robert. Pensando rápidamente, corrí adentro y me paré junto a los altavoces de la cafetería antes de contestar la llamada.

    "Hola," dije con mi mejor imitación de borracha, arrastrando las palabras.

    "¿Hola, quién eres?" dijo Robert con una risita.

    "Soy Jenny, ¿quién eres tú?"

    "Soy Rob. ¿Está Jason ahí?"

    "No," respondí. "Está en el baño. Con mi amiga. Pero me lo ha contado todo sobre ti. ¿Vas a venir a unirte a nosotros?"

    Más risitas. "No sé, ¿debería?"

    "Sí, quiero mucho que llegues," respondí enfatizando la última palabra con la vergonzosa obviedad que solo una borracha de la hermandad de mujeres puede lograr.

    Colgué el teléfono y cinco minutos después él salió por la puerta principal de su edificio. Esperé a que entrara en su coche y desapareciera de la vista. Luego, sintiendo una triunfante descarga de adrenalina, crucé la calle corriendo y presioné un botón al azar en el telefonillo.

    "¿Hola?"

    "Ey, soy Sarah, tu vecina de arriba. Escucha, he olvidado las llaves dentro, ¿puedes abrirme?"

    Zumbó el telefonillo y yo abrí la puerta.

    La lista del trabajo decía que Robert estaba en el apartamento 418. Corrí hasta la cuarto planta y probé la puerta: estaba abierta.

    Estos tipos duros siempre creen que son invencibles, demasiado guays para cerrar una puta puerta, pensé.

    Caminé con cuidado por su apartamento a oscuras hasta el dormitorio, tanteando la pared en busca del interruptor de la luz cuando entré.

    Cuando se encendió la luz por fin, me congelé de inmediato. Era exactamente la misma habitación del video y había una videocámara mini-DV sobre la mesita de noche.

***

    "Necesito tu ayuda," le dije a Steve cuando él llegó al trabajo unos días después, cuando era la siguiente vez que nuestros turnos coincidían consecutivamente.

    "¿Para qué?"

    "Para poner una trampa."

    Me miró sin comprender. Le expliqué lo de Robert y mi truco para entrar en su apartamento, y que estaba claro que él era el asesino.

    "¿Por qué no vas a la policía?" Preguntó Steve.

    "Porque la policía cree que el video es falso. No conocían a Sarah. No les importa descubrir quién la mató."

    "Tú tampoco la conocías," espetó. Luego respiró hondo, me puso una mano en el hombro y trató de hacer que su voz fuese tan comprensiva como solo un desalmado misántropo como él podría hacerlo. "Lo único que digo es que creo que estás empezando a perder la perspectiva con esto. Tú no eres detective. Digamos que este tipo es de verdad un asesino, podrías estar poniéndote en peligro real. Esto no es un juego. "

    "No te pongas condescendiente conmigo," le espeté en respuesta. "Sé los riesgos que estoy corriendo."

    "Bueno, entonces ¿por qué?" preguntó esforzándose por mostrar cierta sinceridad real bajo todo aquel practicado cinismo.

    Abrí la boca para explicar, pero no salieron palabras. "Olvídalo."

    Dejó escapar un suspiro de resignación. "¿Cuál es el plan?"

    El plan iba así:

    Yo había estado observando a Rob los últimos días para resolver su rutina. Todos los días después del trabajo, él iba al gimnasio Club Salud Imperial justo al final de la calle de su edificio. Yo nunca lo había visto intentar ligar abiertamente con mujeres allí, pero definitivamente les pasaba mucho la vista y, de vez en cuando, entablaba una conversación con una. Después de verlo un par de veces, captée bastante bien su tipo de mujer y pensé que yo podría encajar bastante bien en el molde con un poco de trabajo.

    Así que el plan era aparecer en su gimnasio, abrirme paso hacia una cinta de correr en su línea de visión y esperar hasta pillarle mirándome. Cuando lo hiciera, me acercaría y hablaría con él, le pediría que me invitara a tomar un par de copas y, al final, le convencería de que siguiéramos en su casa.

    Mientras tanto, Steve tendría que esperar fuera de su edificio hasta que pudiera ver a uno de los vecinos saliendo y entrando mientras la puerta del portal estuviera abierta. Luego, se colaba en el apartamento de Rob, que, por supuesto estaría abierto, y se escondía en el armario con su cámara de video Flip.

    Cuando Rob y yo regresáramos, yo intentaría recrear las condiciones del asesinato lo más fielmente posible, tratando de incitarlo a hacerlo de nuevo. Leí en alguna parte que una de las razones por las que los asesinos en serie siguen usando el mismo modus operandi todo el tiempo es la necesidad de revivir la experiencia, de recuperar esa misma emoción de matar, como un drogadicto que persigue ese subidón por primera vez. Era lógico pensar que cualquiera lo bastante retorcido como para filmarse a sí mismo matando a una chica y querer que otras personas lo vieran estaría conectado bastante de cerca a un asesino en serie.

    Cuando yo viera la videocámara, sugeriría en broma que Rob nos filmara. Y cuando llegáramos a la cama, le preguntaría tímidamente si alguna vez había intentado asfixiar a una chica, ya que había oído que eso hace que el orgasmo sea más intenso.

    En cuanto las cosas fueran lo bastante lejos como para incriminar a Rob, Steve aparecería y me rescataría.

    Me di cuenta de que Steve estaba menos que emocionado con mi plan, pero accedió a seguirlo basándose en que si se negaba y me pasaba algo horrible, se sentiría culpable. Habiendo aceptado ayudarme ahora, si me pasaba algo horrible, al menos él se sentirá absuelto.

    Nos encontramos en el café frente al edificio de Rob. Yo entré andando con mi bolsa de gimnasia de nailon rosa y encontré a Steve esperando a una mesa.

    Cuando me vio, se quedó boquiabierto.

    "Rob apuesta por las rubias," le expliqué mientras me sentaba y me tiraba del cabello recién teñido hacia atrás en una coleta, al igual que el de Sarah en el video.

    "Esto se está poniendo demasiado jodidamente espeluznante, incluso para mí," se quejó Steve. "Quiero decir, ahora estamos en el punto en el que me sentiría aliviado al saber que esto es solo un rollo de sexo pervertido elaborado para ti, como si quisieras fingir ser ella y empezar a follar y ahogarte en la película. Con suerte, eso es lo mejor que puede pasar, terminas desarrollando un nuevo fetiche muy específico y muy peculiar, mientras yo me quedo atascado tratando de explicarle a un gran monolito de músuculos de tío en pelotas por qué estoy escondido en su armario."

    Dejé que me resbalaran sus comentarios. "¿La has traído?"

    Metió la mano en el bolsillo de los vaqueros y sacó su Flip.

    "Genial. ¿Y qué hay de lo otro?"

    Reluctante, se abrió el abrigo lo justo para que yo viera la culata de un revólver de cañón corto sobresaliendo del bolsillo interior.

    "Rock and roll," dije mientras me levantaba y me dirigía al gimnasio.

    Después de cambiarme, encontré a Rob justo donde esperaba, montando en bicicleta directamente frente a las mujeres en las cintas de correr, con vistas de primera fila.

    No me tomó mucho tiempo pillarle mirándome, especialmente con los ajustados pantalones cortos de lycra y el sujetador deportivo que me había puesto. Me encontré con su mirada y pronto me acerqué a la bicicleta que tenía al lado.

    Treinta minutos después, salimos juntos del gimnasio a tomar algo. Dos horas después de eso, los dos subimos a trompicones y borrachos las escaleras hacia su apartamento, con nuestras manos rasgando la ropa del otro como bestias hambrientas despedazando un cadáver.

    Una vez en el dormitorio, noté que la videocámara se había girado para mirar hacia el otro lado sobre la mesita de noche: el código de Steve para informarme que estaba en su puesto.

    Recogí la cámara y le di la vuelta en las manos, riendo juguetonamente mientras averiguaba cómo encenderla.

    "Sonríe," dije cuando se encendió la luz roja de «Grabar» y apunté la cámara hacia Rob. Él sonrió y extendió la mano para tapar la lente con las manos, pero yo la liberé y seguí filmando. Él se acercó un par de pasos más y me quitó la cámara de las manos, luego la giró hacia mí.

    "Ahora no te gusta tanto, ¿eh?," dijo.

    "No me importa," dije con una seductora sonrisa y me mordí el labio inferior. Luego,, comencé a quitarme lentamente la ropa, balanceando las caderas suavemente mientras me desnudaba para él.

    Pronto estaba desnuda y caí de rodillas frente a él, bajándole la cremallera de los pantalones, ojos fijos en la lente de la cámara, cabello rubio aún recogido en una coleta.

    "Para," dijo Rob vacilante, el color había desaparecido de su rostro de repente.

    "¿Va algo mal?"

    "No lo sé, es extraño... solo necesito un minuto, ¿de acuerdo?" balbuceó torpemente y corrió dentro del baño de repente.

    He pillado al bastardo, pensé triunfalmente para mis adentros y decidí aprovechar la oportunidad para volver a comprobar que Steve estaba preparado, solo para estar a salvo. Me levanté, crucé con cuidado la habitación y abrí la puerta del armario.

    Cuando vi lo que había dentro, hice todo lo que pude para no gritar.

    Steve yacía como un fardo en el suelo del armario, le goteaba sangre por el gran agujero de bala en la sien, tenía el arma empuñaba floja en la mano, la cual colgaba sin vida a su lado.

    Me dio vueltas la cabeza y sentí el pánico correr por mis venas, dejándome completamente paralizada. Me sentí confundida, discutiendo conmigo misma que esto no podía haber sucedido, tratando de convencerme de que esto era un truco o un sueño. Pero, sobre todo, sentí miedo y por fin supe que yo sería la siguiente si no actuaba pronto.

    Me agaché y le quité a Steve la pistola de los dedos, luego salté hacia atrás y apunté a la puerta cerrada del baño. En cuanto Rob reapareció, me vio con la pistola y con el cadáver detrás posado en el suelo del armario, y su rostro se contrajo en algo grotesco, algo monstruoso.

    Se abalanzó sobre mí con los brazos extendidos, pero antes de que pudiera alcanzarme, reuní el valor suficiente para apretar el gatillo, y le descargué el arma a quemarropa.

***

    Me tomó varias horas explicarle a la policía lo que había sucedido o,al menos la versión más plausible y menos incriminatoria de lo sucedido que pude pensar en el acto. Aunque al final pude convencerlos de que Rob había matado a Steve y que yo había actuado en defensa propia.

    Jason vino a recogerme a la comisaría y me llevó a su casa. Yo no quería estar sola.

    Esa noche hicimos el amor en su cama, en lugar de en el sofá, por primera vez. Él aún tenía una foto enmarcada de Sarah en la mesita de noche: era la misma foto que había salido en el obituario, la foto del último año. Traté de no mirarla, pero un par de veces él me pilló y siguió mis ojos para ver hacia dónde estaba yo mirando.

    Eso fue en el momento en que comencé a darme cuenta de que esta podría no ser la relación más saludable para mí.

    Apenas dormí en toda esa noche, aún demasiado conectada por la adrenalina y los nervios, y me levanté antes del amanecer y paseé inquieta por la sala mientras Jason dormía.

    Valientemente, decidí intentar otra vez encender el televisor. Me las arreglé para encender la pantalla azul en blanco al menos, pero en lugar de encender la tele satélite, de alguna manera logré encender el reproductor de DVD. Dejé escapar una serie de maldiciones en voz baja y miré a través de los ojos nublados la pequeña letra en el control remoto, pero luego mi cabeza se sacudió al darme cuenta de lo que se estaba reproduciendo en la pantalla.

    Era el video de Sarah y Rob.

    Me puse en pie con los ojos paralizados en la pantalla, como hipnotizada mientras aquello se desarrollaba tal como yo lo recordaba. Sarah de rodillas, luego los dos en la cama y finalmente él rodeándole el cuello con las manos.

    Pero esta vez, cuando al final le soltó el cuello, el video no se detuvo. Siguió adelante.

    En la pantalla, Sarah se abalanzaba hacia adelante hasta colocarse en posición vertical, inhalaba profundamente y luego se echaba a reír.

    Rob pronto seguía su ejemplo, riendo mientras levantaba la cámara de la mesa de noche.

    "Tenías razón," decía Sarah mientras la imagen de la pantalla se veía borrosa, presumiblemente debido a que Rob giraba la cámara. "Lo hace mucho más intenso."

    La imagen desapareció y la pantalla volvió a ponerse azul.

    "Él dejó por accidente ese video en la caja de una película que yo le presté," dijo una voz detrás de mí, y yo di la vuelta para ver a Jason de pie en la entrada de la habitación. "Así fue como se me ocurrió la idea de hacer que pareciera que él la había matado. Por desgracia, cuando la policía llamó a la puerta, él aún tenía otra copia de la versión original, sin editar, por lo que pudo quedar indemne. Por suerte, la policía nunca encontró nada que arrojara alguna sospecha real sobre mí, de todos modos. Toda mi elaborada planificación, y debería haber tenido más fe en la pereza innata de la humanidad.

    "Pero, Steve..." balbuceé.

    "Cuando vi el mensaje de texto a Rob en mi teléfono, naturalmente sentí curiosidad. Así que comencé a seguirte y pronto descubrí lo que estabas haciendo. El problema era que, si investigabas a Rob y lo declarabas inocente, naturalmente empezarías a buscar a otros sospechosos, así que tuve pensar en una forma de convencerte de que él era culpable. Me acerqué a tu amigo y lo convencí de que me dejara ir a casa de Rob con él, diciéndole que podría ser un apoyo adicional en caso de que algo saliera mal."

    Hice un salto desesperado hacia la puerta, pero él estaba encima de mí antes de que yo pudiera alcanzarla, tirándome y estrellándome contra la estantería en el otro extremo de la habitación.

    Cuando sentí sus dedos apretarme el cuello, aplastarme la tráquea con los pulgares, miré hacia arriba y vi la escultura de la Venus de Sarah balanceándose precariamente en el borde del estante. Renové mi lucha, no con la intención de liberarme, sino para arrojar mi peso en la estantería con un par de buenos y sólidos golpes, lo suficiente como para hacer que el enorme trozo de piedra cayera sobre la cabeza de Jason.

    Él se desplomó inerte, la sangre brotaba de la grieta de su cráneo. Yo me escabullí de debajo de él mientras jadeaba en busca de aire, sintiendo el ardor en mi cuello mientras llenaba con avidez los pulmones.

    Y de repente, paradójicamente, de alguna manera me descubrí con la sensación de estar completamente vacía.

FIN

Extras

Sobre estas historias

    Dos de estas historias fueron escritas para el blog zizekpress.com y consisten ampliamente en sátira absurdista sobre celebridades y cultura pop. La tercera estaba prevista para un proyecto de antología no relacionada que se desmoronó y, si bien es mucho más oscura y más personal en tono, comparte varios elementos temáticos con las otras obras.

Sobre Zizek Press

    Escribir con una voz nueva es difícil, pero debemos intentarlo.

    Cuando no está poniendo palabras en las bocas de las celebridades, la buena gente de Zizek Press también encuentra tiempo para escribir algunos libros seriamente macanudos, abarcando desde la ciencia ficción, el pulp, la ficción literaria hasta la sátira.

    Vitita ZIZEKPRESS.COM para más información.

    Marc Horne

    Tokyo Zero disponible en Feedbooks

    Un hombre va a Tokio para poner fin al mundo. La cosa sale bastante bien.

    Automatic Assassin (Estreno en breve)

    Como siempre, Xolo recibe el correo y va a un planeta artificial para matar a alguien.

    “Es como Dune escrito por Douglas Adams y corregido por Hunter S. Thomson.” (Comentario hipotético)

    Lenox Parker

    Back(stabbed) in Brooklyn. Disponible en Feedbooks.

    La leyenda de Hollywood, Howard Kessler, está acabado tras una serie de sórdidos y ebrios errores y regresa a sus raíces en Brooklyn tras décadas de éxito. Lo que encuentra no es la nostalgia que espera, sino una acalorada reunión donde profundos resentimientos del pásado devienen en explotación y engaño.

    Stavrogin

    Charcoal

    Hong Kong, dia presente. Un hombre es maestro de escuela, tiene sexo con una chica de diecisiete años y cree que él mismo está dentro de un oscuro, orcuro agujero.

    Solo el reciente suicidio de una modelo coreana puede sacarle del pozo.

    “Es David Lynch en una habitación de hotel con el cerebro de Camus preservado por Kubrick y analizado vía TV satélite por Pedro Almodovar.” Robert Patrick, «T-1000» en Terminator 2: Judgment Day.

    Lucia Adams

    Vein Fire (Estreno en breve).

    Vein Fire hace un asombroso retrato de una joven con Trastorno de Personalidad Límite.